Capítulo 66

 Capítulo 16



Federico Mackeprang y Blanca Irurzun viajaban en el tren a Frías. Iban a visitar al filósofo Casimiro González Trilla, para invitarlo, además, a brindar una conferencia en la Biblioteca Rivadavia, de La Banda. Sobre el tema la inmigración española reciente -desde 1870 hasta el presente, octubre de 1939, en que continuaban llegando españoles. Esta vez, huyendo de la dictadura de Franco, consolidada ya en el poder.

-Estamos en un momento difícil, en el plano internacional -decía Federico, ya de 62 entonces, a su compañera de viaje y de militancia socialista, la poeta bandeña Blanca Irurzun, descendiente de inmigrantes españoles, quien pronto iba a cumplir  30.

“Aunque, también -continuó Federico-, la situación política y social es complicada. Afectando, por cierto, el desarrollo de las actividades partidarias y generando fracturas internas.

“La Segunda Guerra Mundial, que acaba de comenzar, pero no sabemos cuándo podría terminar... la dictadura soviética de Stalin, que ha vuelto a dividir al socialismo internacional... haciendo surgir una tercera parte, en la que se ha fragmentado nuestra militancia en el mundo, agregando a la Segunda Internacional -la de Marx y Engels, la nuestra....- una Tercera, la de Lenin, acaparada por Stalin, y ahora la Cuarta, la de León Trotsky, exiliado en México.

-Creo que el fracaso de la Revolución Rusa nos dio la razón -intervino Blanca-: no se puede construir el socialismo desde golpes de estado, insurrecciones incendiarias o dictaduras de ningún tipo... la construcción del socialismo es un proceso lento, pacífico, democrático... que ocurre, primero, en el interior de la gente... y luego se posiciona en los estamentos gubernamentales ganando elecciones libres.

-De acuerdo...-aprobó Federico-. Es lo que muchos parecen haber perdido de vista hoy, en La Banda, y en toda la provincia de Santiago. La Revolución Rusa, en 1917 comenzó a generar esta grieta de nuestro partido. Los más jóvenes, o impulsivos, aun siendo veteranos, creyeron que con el asalto al poder de los Bolcheviques, comenzaría una nueva era de desarrollo y felicidad para la tan sufrida Rusia, cuyas penurias conocemos mayormente a través de nuestros amados Máximo Gorki, León Tolstoi, Dostoievski, Chéjov... Pero no fue así... primero, la sangrienta guerra contra el ejército de la aristocracia y los países europeos que la apoyaban; luego, la maniobra interna de Stalin, que se adueñó del poder e inició, francamente, su Capitalismo de Estado... Y ahora, el surgimiento del nazismo, la Guerra Civil en España, la masacre de los comunistas chinos, en 1937... con el surgimiento posterior de su resistencia guerrillera, liderados por Mao Tse Tung... todos antecedentes trágicos de esta Segunda Guerra Mundial. Que hoy parece haber puesto patas para arriba a todas las organizaciones políticas democráticas, tanto liberales como socialistas responsables, en todas partes.

-A los socialistas santiagueños nos cayeron muy mal, todas esas divisiones... yo era aún niña, pero recuerdo, particularmente, las de 1919 y 1920... por las preocupaciones que les generaban a mi papá y mi mamá... 

-Luego de la Revolución Bolchevique en Rusia, y las grandes huelgas nacionales, además de la insurrecciones anarquistas del Sur y la Semana Trágica, en Argentina... sí... nosotros participamos, activamente, en todas esas luchas históricas.

“Allí surgió nuestra primera división grande, en Santiago... particularmente en las zonas quebracheras… Añatuya, Matará, Tacañitas… Abregú lideró una fracción, entonces...”

-¿Abregú Virreyra?- preguntó Blanca Irurzun.

-Sí... - respondió Federico Mackeprang- nos acusaba a los dirigentes del partido -"los gringos", nos llamaba él-, de favorecer a los inmigrantes europeos que trabajaban para el Ferrocarril y algunos industrias del tanino... y discriminar a los bolivianos... Pues -según él- nosotros no éramos capaces de entender la idiosincrasia de los bolivianos ni de los criollos (así llamaba él a los mestizos de español e indio)… según Abregú nosotros nos encasillábamos en pautas ideológicas marxistas esquemáticas, sólo aplicable a obreros europeos, como nosotros... 

-Qué pena... Abregú Virreyra es un intelectual muy lúcido... buen escritor, además...

-Sí... se fue primero con La Brasa, un espacio un tanto amorfo, para mi criterio, donde tanto puede calzar un fascista como un marxista ecléctico, o un radical, tanto irigoyenista como alvearista... siempre que guarde cierta compostura diplomática...  Todos ellos autopercibidos como una aristocracia de las ideas...

“Ahora, me han dicho que Abregú Virreyra se fue con unos intelectuales nacionalistas -no se sabe si de derecha o de izquierda-, casi todos tucumanos o salteños, la intelectualidad residual de Nougués, ex gobernador populista a mediados de la década pasada.



“Todo comenzó en 1917... ahí comenzaron, contra nosotros, las acusaciones de «reformistas», «tibios» y hasta algunas insultantes, por parte de muchos jóvenes honestos, pero ingenuos, que, deslumbrados por la Revolución Bolchevique creían que con voluntad y entusiasmo se podría hacer la revolución en quince días... pues -según ellos-, el capitalismo estaba «podrido» y se derrumbaría solo, por doquier... con tan solo incentivar a millones de trabajadores a abandonar las fábricas y salir por las calles, a capturar a los explotadores y arrancarles el control de la producción material, por la fuerza.”

-Y no es así... el capitalismo tiene un potencial inmenso aún, en todo el planeta...

-¡Qué te parece! Mirá cómo Roosevelt ha sacado a los Estados Unidos de la crisis económica más profunda de su historia con solo ordenar los factores desestabilizadores de la macroeconomía, en tan solo tres años...

“Pero, volviendo a nuestros pagos...-exclamó Mackeprang-, lo que nos terminó de embromar a nosotros fue la Guerra Civil, fogoneada por Hitler, que dividió por completo a nuestros afiliados y simpatizantes españoles, principalmente en La Banda... que son la mayoría inmigrantes españoles de primera o segunda generación...

“Repitiendo algo que ya les dije a todos los afiliados a nuestro partido antes: creo que ahora sí nos perjudicó mucho el no tomar consciencia de nuestra condición de ciudadanos argentinos -no españoles, ni italianos, ni alemanes, etcétera-, para no involucrarnos de una manera tan apasionada como lo hicimos, durante estos últimos tres años, en asuntos que, aunque nos duelen, ya no son nuestros... El futuro de nuestros hijos, nietos y bisnietos ya no está en Europa... sino en Santiago del Estero... Debemos tomar conciencia clara de ello.

“Por eso pensé en invitarlo a Casimiro... que de una charla sobre la inmigración española en La Banda, donde se acumularon casi todas las familias que vinieron desde el siglo pasado. El ha hecho una investigación meticulosa, como acostumbra, sobre el tema. Para un libro aún inédito.

“Creo que conociendo globalmente el problema, nuestras mujeres y hombres socialistas de la inmigración santiagueña podrán poner bien en claro nuestro rol, como animadores culturales y sociales, en la sociedad santiagueña y Argentina. Que es ahora nuestra Primera Patria.”

Llegaron a Frías. Casimiro González Trilla los esperaba en la Estación. Almorzaron con él. Luego de una animada conversación, durante la cual aceptó preparar la conferencia que le habían pedido, en un plazo de diez o doce días, Federico Mackeprang y Blanca Irurzun regresaron a la ciudad de Santiago del Estero. Del mismo modo en que habían venido, en el tren que, saliendo de Tucumán a las 17:00, pasaba por Frías a las 19:30.


 


Los españoles en La Banda, Santiago del Estero (1870-1914); con este título había publicado La Vanguardia, periódico del Partido Socialista, el anuncio de esta conferencia.

Les tocó una mañana agradable de los primeros días de noviembre, el sábado en que los socialistas de La Banda -y “el público en general que quisiera concurrir”, organizaron un picnic en la finca de los hermanos Rodríguez, a unos cinco kilómetros de la ciudad, “desde las 9 de la mañana hasta las 17”. Cada familia o individuo participante, debía llevar su propia comida y sus bebidas. Podían desayunar en sus casas o hacerlo en el campo, mientras escuchaban la conferencia del doctor en Filosofía Casimiro González Trilla. A la una, almorzarían fraternalmente. Para ellos la familia Rodríguez había preparado cuatro largas mesas de tablones, forrados con papel estraza. Después de la sobremesa -o durante ella-, los concurrentes que lo quisieran, podrían bailar, entre amigos o con sus parejas. Junto a varias victrolas con bocinas, separadas entre sí, sonando con diferentes músicas, de acuerdo a los gustos. Provistas por los organizadores.


A las 9:15, luego de la presentación formal de Blanca Irurzun, comenzó Gonzáles Trilla su conferencia. 

-Voy a desplegar esta conferencia desde una Hipótesis general: 

“La integración social de los españoles en La Banda fue débil debido a la fuerte endogamia y el mantenimiento de patrones culturales de origen, aunque su aporte económico fue fundamental para el desarrollo agrícola de la región.

“Soy plenamente consciente de lo que significa dejar atrás todo lo conocido: el verdor de los valles del norte de España, el olor a tierra húmeda, las montañas que han visto crecer a generaciones de nuestra familia. Eso fue exactamente lo que hicieron cientos de españoles que, entre 1870 y 1914, decidieron cruzar el océano para llegar a un lugar, para ellos casi tan desconocido como remoto: La Banda, en Santiago del Estero. ¿Por qué se fueron?

“La respuesta es sencilla y terrible a la vez: en España, especialmente en el norte (Galicia, Asturias, País Vasco, Castilla), la vida se había vuelto insostenible. La población crecía sin control, las tierras se dividían en parcelas cada vez más pequeñas, el hambre acechaba y las epidemias arrasaban con los más débiles. Un joven campesino podía mirar al futuro y ver solo miseria, o decidir que su destino estaba en otra parte.

“Había también razones personales: el servicio militar, odiado por los campesinos, les arrebataba años valiosos de trabajo y los exponía a vicios y enfermedades. "Sin oficio ni beneficio", como decían entonces.

“Muchos pensaron, pues, que era mejor emprender un viaje con destino incierto, que caer en la peor indigencia o la mendicidad.

“Llegar a Argentina no era garantía de mucho. Varias familias  intentaron primero en Buenos Aires, Córdoba o Santa Fe... pero las tierras promisorias ya estaban ocupadas. Fue entonces cuando, casi por casualidad o por el boca a boca, algunos supieron de un lugar "muy adentro" donde el trabajo abundaba: La Banda.”

Los hombres y las mujeres adultas se habían agrupado formando una circunferencia alrededor del conferencista. Mientras las más jóvenes de las familias llevaron a los niños a pasear por el campo, de una cincuenta hectáreas, prolijamente cultivadas con algodón.

-Pero viajar a Santiago del Estero- continuaba González Trilla- era una odisea. Como decía un dicho de la época, "era más fácil viajar a Europa que llegar de Buenos Aires a Santiago del Estero". Sin embargo, para algunos espíritus aventureros, la dificultad del camino era también una promesa: allí había tanto por hacer, que el esfuerzo valdría la pena.

“Lo primero que habían visto antes de entrar a las zonas urbanizadas, era el monte fabulosamente tupido. Algunos pensaron en dedicarse a la producción de maderas para el Ferrocarril. Pues les habían dicho, que, en aquel momento, estaban en constante expansión.”

-Sí, es lo que hicimos nosotros- interrumpió un hombre, de edad avanzada ya-, pero nos topamos con que los ingleses no trabajaban con cualquiera. Tenían ya sus proveedores establecidos... en realidad unos intermediarios. Aunque la madera para los durmientes se la compraban, en grandes cantidades, generalmente a un pequeño grupo de empresarios forestales que poseían miles y miles de hectáreas... algunos más de un millón.

“Es el drama del capitalismo... -le contestó Casimiro González Trilla- pero continuemos revisando el origen de esta comunidad española, en la provincia de Santiago del Estero:

“La historia de La Banda como ciudad es curiosa: no tiene acta de fundación. Nació como un simple asentamiento al otro lado del río Dulce, un lugar al que los santiagueños llamaban simplemente «la banda». Durante años fue apenas un rancherío, habitado por familias criollas que huían de las epidemias de cólera, que asolaban la capital.

“El verdadero motor del cambio fue el ferrocarril. Cuando se anunció que La Banda tendría una estación de primera categoría, el lugar comenzó a transformarse. Los «gringos» —como llamaban a los inmigrantes— llegaron primero como obreros, para construir las vías. Los lugareños los miraban con curiosidad: hombres de colores diferentes, hablando idiomas extraños, cantando canciones melancólicas mientras regresaban al campamento al atardecer.

“Les voy a contar la historia de Tomás y Dominga: un ejemplo vivo... que algunos de sus padres o abuelos seguramente conocen...

“Tomás Tejedor Rubio y su esposa Dominga Sanz son un reflejo perfecto de lo que vivieron muchos inmigrantes. Tomás nació en Boós, un pequeño pueblo de Soria, donde su familia pastoreaba ovejas y, cuando el tiempo lo permitía, trabajaba la tierra.

“Cansado de una vida sin horizontes, emigró con su joven esposa y dos primos. Todo el pueblo salió a despedirlos, entre el asombro y la esperanza. Llegaron a Buenos Aires y alguien les habló de La Banda, ese lugar tan adentro del país. Sin dudarlo, tomaron el tren.

“En el viaje, unos señores elegantemente vestidos con galeras intentaron convencerlos de ir a La Pampa. Solo el primo aceptó. Años después, lo encontrarían por casualidad, ya con 90 años.

“Al llegar a La Banda, Tomás y Dominga comenzaron atendiendo una fonda llamada «de los Cacciolatti», en la calle San Martín. Ella se hizo famosa por sus huevos fritos, mientras él esperaba los trenes para buscar clientes. Pero el calor los agobiaba, y decidieron probar suerte en Buenos Aires.

“Allí las cosas no fueron mejor. Así que volvieron a lo que sabían hacer: trabajar la tierra. Se emplearon en una finca de la familia Tonazzi, donde ordeñaban vacas y repartían leche —algo poco común en la colonia. Con esfuerzo, ahorraron 500 pesos, una fortuna para ellos, aunque insuficiente para comprar tierras ya desmontadas. Así que en Rincón de la Tijera, el lugar que concentró a la mayor cantidad de españoles, compraron un pedazo de monte.

“La alegría duró poco: la primera agua que sacaron era tan mala que mató al animal que la bebió. Era agua con arsénico, un problema que aún hoy afecta a algunas zonas. Pero no se rindieron. Amasaron barro y paja para construir un rancho, cubrieron el techo con chapas viejas que les regalaron y comenzaron a producir. Años después, ya tenían una casa de material, herramientas y una máquina cortadora y enfardadora de alfalfa.

“Así, con muchas familias que vivieron historias parecidas, se fue formando, poco a poco, la colonia de minifundistas...

“Los inmigrantes españoles se dedicaron principalmente a la agricultura. Cultivaban trigo, maíz, y más tarde algodón y forrajeras. Pero las herramientas eran rudimentarias: arados tirados por animales, siembra al boleo, palas y azadas. Recién en esta década de 1930, algunos pocos que comenzaron a modernizarse, pudieron adquirir un tractor, con rastras mecánicas.

“El trabajo era agotador y no reconocía horarios. Toda la familia participaba: los hombres trabajaban los sembradíos con ayuda de los niños; las mujeres hacían tareas igualmente duras: cortaban leña, ordeñaban, fabricaban ladrillos. No había distinción de género en el esfuerzo, todos empujaban para que la familia saliera adelante.

“Pero el trabajo no era lo único que traían de España; traían también su cultura, sus costumbres y, sobre todo, la idea de que la familia era el centro de todo. Eso fue un determinante, por un lado, beneficioso, por el otro, no tanto. Matrimonios y familias no se integraron con la población, terminaron formando  una especie de isla española... 

“Los españoles de La Banda no se mezclaron con la población criolla. Esto no era por soberbia, sino por necesidad: necesitaban reconstruir su mundo en tierra extraña, y eso significaba casarse con alguien que entendiera su lengua, sus costumbres, sus dolores y sus alegrías.

“Para encontrar pareja tenían tres opciones:

“Regresar a España, buscar una joven del pueblo, casarse y volver.

“Que alguna mujer española emigrara para casarse con ellos.

“Casarse antes de emigrar y venir juntos.

“No hubo, hasta 1914, ni un solo caso de un español casado con una mujer criolla en la colonia agrícola. Esto era muy diferente a lo que ocurría en Buenos Aires, donde la falta de mujeres españolas había obligado a muchos a casarse con argentinas.”

-Así es... como usted dice... -aprobó en voz alta, moviendo la cabeza, un anciano, con más de ochenta años de edad.

“El padre era el eje de la vida familiar. Las fiestas más importantes eran el «día del santo», «el madrinazgo» y el «padrinazgo», instituciones sagradas para ellos. Seguían vistiendo a la usanza española: ropa oscura o negra, largos delantales, pañuelos en la cabeza para las mujeres, boinas para los hombres”.

La congregación de los que escuchaban -unas cuarenta personas-, se sintió arrebatada interiormente por un sentimiento de identificación. Reconocían la descripción del conferenciante, pues las habían vivido en sus propias casas.

-Ahora voy a hablar un poco de la educación de los hijos, en estas familias españolas adaptándose a regañadientes en lo que más tarde sería «La Ciudad de La Banda» y su Departamento provincial.

“Los datos del Censo Escolar de 1909 son reveladores: en toda la provincia había apenas 288 niños españoles en edad escolar, y solo 23 en La Banda. De esos 23, 9 varones y 9 niñas eran analfabetos. Solo 2 varones y 3 niñas estaban recibiendo educación formal.

“Esto no significa que los inmigrantes no valoraran la educación; simplemente, sus hijos eran pocos porque la mayoría de los inmigrantes eran adultos solteros o recién casados. Con el tiempo, y a medida que las familias crecían, los propios inmigrantes lucharían por tener una escuela rural en la colonia.

“También esto fue positivo, por cierto... pronto la colonia española tendría no sólo agricultores o artesanos, sino también maestros, profesores, doctores y algunos arquitectos o ingenieros. Casi todos terminaban radicándose en la ciudad de Santiago, Capital, o en otras capitales, como Rosario, Córdoba o Tucumán.”

El doctor González Trilla continuó su conferencia casi sin interrupciones, más o menos hasta las 12:30. Entre los datos salientes de su minuciosa exposición, destancan dos aspectos. 

Los españoles desde números estadísticos, en su comienzo:

“Para 1914, la población española en el Departamento Banda había crecido considerablemente. Había, pues, un total de 812 personas españolas. En el área rural: 550 hombres y 306 mujeres. En el área urbana: 160 hombres y 102 mujeres

“Lo más llamativo: la mayoría absoluta estaba en las colonias agrícolas, no en la ciudad. Y entre ellos, había muchos más hombres que mujeres, lo que confirma que el patrón migratorio inicial era de hombres solteros que, una vez establecidos, traían a sus familias.

“¿Se integraron los españoles en La Banda?... esta es la gran pregunta, para la que me han traído hoy aquí, desde Frías...

La conclusión estadística es clara: no, al menos no en este período. El proceso de socialización fue débil y poco significativo. Los españoles de La Banda vivían y viven en su propio mundo: no se casaban -tampoco ahora- con criollos ni con inmigrantes de otras nacionalidades. Formando así una endogamia regional: incluso dentro de los españoles, preferían casarse con personas de su misma región de origen.

“Estableciendo, así, una especia de «resistencia pasiva» a la integración: mantenían buenas relaciones con la sociedad criolla, pero no se integraban a ella.

“Tuvieron, por tanto, poca naturalización: solo 69 hombres sobre 812 residentes obtuvieron la ciudadanía argentina en 1914. Solapadamente, la voluntad de los inmigrantes era seguir siendo españoles"...

“Una reflexión final

¿Fue esto negativo? No necesariamente. Debemos entender que los inmigrantes no llegaron como niños que aprenden un nuevo idioma y costumbres; llegaron como adultos, con una cultura plenamente formada. Para ellos, mantener sus tradiciones no era un acto de soberbia, sino una forma de sobrevivir psicológicamente en un entorno hostil.

“El verdadero cambio llegaría después, con sus hijos: los argentinos de padres españoles serían el puente que uniría ambas culturas. Pero eso es otra historia, una que recién comienza en 1914, cuando esta investigación termina.

“Lo que sí queda claro es que, aunque no se mezclaron socialmente, los españoles transformaron profundamente el paisaje económico de La Banda. Su trabajo incansable, su «cultura del trabajo», abrió nuevos mercados (especialmente Buenos Aires) y expandió la frontera agrícola. En ese sentido, su contribución a la sociedad santiagueña fue inmensa e indeleble”.


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