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Capítulo 58

 Capítulo 8 Crowley, desnudo, recibía masajes de dos jóvenes, uno al parecer de origen africano, el otro anglosajón, que de tanto en tanto lo rociaban con aceite, desde un aspersor, por lo cual su voluminoso corpacho relucía bajo el cono de luz que se esparcía apenas a su alrededor ingresando a la oscura sala desde un ventiluz. Ambos masajistas, a diferencia del nigromante, eran delgados, musculosos y esbeltos, e iban igualmente desnudos.  Entonces, sonó una campanilla. -Entra -ordenó el obeso jefe, tras lo cual, apareció desde un pasillo lateral un lacayo, con camisa azulada, pantalón negro y smoking plateado. -Una señora lo busca- susurró. -¿Su nombre?-, preguntó Crowley. -Dion Fortune. -Hazla pasar. La mujer, vestida de negro desde los pies a la cabeza, era alta -aunque no tanto como Aleister Crowley o sus masajistas, llevaba un sombrero elegante, del mismo tono, con una redecilla negra que le cubría el rostro y las orejas. -Ahriman me ha favorecido. -Exclamó el prestigioso...

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