Capítulo 69

 Capítulo 19


Tolombón Aballay vivía solo con su esposa, Killa Calchaquí, entre los cerros de El Pichao. Un pequeño pueblo a 8 kilómetros de Colalao del Valle. Habitado por apenas unas 50 familias, dedicadas a la elaboración de dulces artesanales. Trabajaban la tierra que generosamente convertía las semillas en increíbles nueces, peras, higos, membrillos, cayotes y ciruelas. Territorio Ancestral de pueblos originarios:  conservaban el sitio arqueológico sagrado de Cóndor Huasi.

Hasta allí viajó Casimiro González Trilla, pues le habían dicho que Tolombón era un sabio diaguita, que conocía todas las historias de su pueblo original. Con datos importantes, incluso de mucho antes de la conquista española.

El anciano y su esposa, de igual edad -88 años-, lo recibió con acogedora hospitalidad, asignándole una habitación de las siete que poseía aquella amplia casa de piedra donde vivía. Espacios que durante unos veinte o treinta años fueran ocupados también  por sus hijos. Dos varones y tres mujeres.

Casimiro quería saber sobre las rebeliones indígenas. Concretamente hasta cuándo, aproximadamente, habían podido conservar su libertad, independencia, culturas y propiedades los diaguitas y calchaquíes, principales protagonistas de la Resistencia Indígena.

A la mañana siguiente de su llegada, comenzó una larga conversación, que duraría dos semanas. De la cual iba tomando nota minuciosamente en su cartapacio, con lenguaje taquigráfico, González Trilla. Trataremos, a continuación, de hacer aquí un resumen de los datos históricos más importantes que el anciano trasmitió al filósofo español, durante aquellos inolvidables días en aquel lugar paradisíaco.

El anciano diaguita afirmó que la colonización del entonces “Noroeste Argentino” había resultado extremadamente difícil para las huestes invasoras españolas,  debido a la bravura de las poblaciones indígenas y a la firme voluntad de aquellos pobladores originales de preservar su autonomía. 

“A diferencia de los Andes centrales, donde existían señoríos poderosos, en el Tucumán colonial predominaban tribus con cacicazgos de menor rango demográfico y territorial. Las cuales supieron confederarse a emprender, durante siglos, exitosas campañas de resistencia, para evitar la dominación.  Y en los caso de pueblos ya dominados,  rebeliones, gestadas en sociedades entre pueblos que buscaban, una y otra vez, revertir condiciones de opresión. Muchas veces con éxito en sus acciones bélicas contra los extranjeros.

“En aquél tiempo de la llegada de los carapálidas, existían en aquella región de la Cordillera, varias prósperas poblaciones, de entre 250 y 2.500 individuos, quienes, coordinados por diversos caciques, controlaban múltiples pisos de producción agrícola, ganadera (principalmente cría de llamas) o industrias del cobre o el bronce. Con un máximo de 500 guerreros por cacique.

"Las zonas más desarrolladas económica y culturalmente eran  la Quebrada de Humahuaca, los Valles Calchaquíes y el valle de Hualfin.

“En aquel tiempo, los incas habían instalado mitimaes (colonos) en la región, lo que generó conflictos interétnicos después de la conquista española.”

Después de una descripción de los hábitos y culturas de aquellas etnias originales, Tolombón Aballay, asistido a veces por su anciana esposa, Killa Calchaquí, enumeró y describió cronológicamente las resistencias y rebeliones, desde las primeras expediciones conquistadoras españolas, hasta las resistencias de los de los Quilmes y la rebelión de Tupac Amarú.

La primera invasión, comandada por Diego de Almagro (1535): había sido un penosa travesía constantemente renovada con fulgurantes ataques sorpresivos de comandos indígenas, que repentinamente surgían desde las serranías o lanzaban lluvias de flechas sobre sus caravanas, especialmente en los desfiladeros angostos. La cuales obligaron, finalmente, al conquistador a huir con rumbo hacia Chile, donde ya había asentamientos europeos.

Más tarde, Diego de Rojas (1545): Murió en Santiago del Estero por flecha envenenada, entre los sanavirones.

Entre 1550 y 1593 los europeos logran instalar las ciudades de Santiago del Estero, San Salvador de Jujuy, Salta y La Rioja.

En 1552,  Juan Calchaquí -cacique de Tolombón- aparece como líder carismático, "tenido por guaca" (poderes chamánicos), y logra acosar y tener a raya durante mucho tiempo a los conquistadores.

De acuerdo con Tolombón Aballay “Juan Calchaquí combinaba hábilmente fuerza y negociación, logrando liberaciones sucesivas de pueblos y tierras, a cambio de promesas”.

En 1558 Juan Pérez de Zurita funda la ciudad de Londres, en el valle Quinmivil. Poco después, en 1559, ocurre la fundación de Córdoba de Calchaquí. En 1562, caída de Córdoba de Calchaquí, debido a los ataques de diaguitas confederados, los españoles huyen.

En tanto, desde el Virreynato del Alto Perú, en 1563, se decreta la creación de la “Provincia de Tucumán, Juríes y Diaguitas”.

Entre 1560 y 1643, por causa de legislaciones españolas que ellos mismos no cumplían, se suscita lo que el matrimonio de Tolombón y Killa denominaban: “Gran Alzamiento Diaguita”.

“Causado -según afirmó Killa Calchaquí- por abusos del servicio personal, las exorbitantes sumas que se imponían como tributo en trabajo, desde el gobierno español en Santiago del Estero.

“A eso se le sumaba la sobre explotación femenina (hilar y tejer 4 días completos por semana), por ejemplo, y otros servicios extendidos por más de 10 horas cada día, en diversas tareas como limpieza de viviendas coloniales, siembra, cosecha, cocina, etcétera.

“A esas rebeliones los españoles contestan con lo que ellos llamaban Desestructuración Comunitaria. Que consistían en traslados forzados de familias o pueblos enteros a regiones para ellos desconocidas, junto a etnias aborígenes con quienes jamás habían convivido antes, hasta de lenguajes tan distintos a los de los trasladados que no llegaban a comprender”.

El matrimonio de diaguitas proveyó Fechas y Protagonistas de aquellas rebeliones, que Casimiro González Trilla anotó cuidadosamente:


Primeras rebeliones (1630-1633): Sur de Tucumán

1631: Captura y ejecución de 10 españoles encomenderos en Yocavil y Andalgalá.

Caciques líderes: Chalemín (Andalgalá/Aconquija) y linaje Uitmpa (Yocavil)

1632: Asedio a Londres; los españoles huyen. La rebelión se extiende a La Rioja.

“El capitán Julián Cedeño -explicó Tolombón Aballay - había capturado a un curaca llamado Chumbicha. El gobernador Zurita lo utilizó para presionar a su hermano, el curaca del pueblo de Tolombón, llamado Calchaquí. Este aceptó bautizarse como parte de las negociaciones, adoptando desde entonces el nombre de Juan Calchaquí.

Pero pronto observó la naturaleza violenta, despótica e injusta de las encomiendas, que explotaban hasta la muerte a los aborígenes.

“Calchaquí se lanzó al ataque contra los españoles, expulsándolos de las tres ciudades fundadas por López de Zurita: Córdoba de Calchaquí, Londres -en la actual provincia de Catamarca- y Cañete.

“Después de la destrucción por los omaguacas de la ciudad de Nieva, la actual San Salvador de Jujuy, la totalidad de la población española del Tucumán fue obligada a reunirse en su capital, Santiago del Estero.”

“Aguirre, primer gobernador santiagueño, pergeñó la estrategia de no atacar los Valles Calchaquíes, sino rodearlos con nuevas poblaciones europeas -indicó Tolombón Aballay-, las cuales actuarían como bases militares de combate. Refundó Londres cerca de la actual ciudad de Andalgalá.  Luego fundó San Miguel de Tucumán -en el sitio conocido como Ibatín-; uno de sus lugartenientes fundó Esteco en el norte. Con este cerco, pretendía impedir que se expandiera la rebelión calchaquí, incorporando otras tribus del Noroeste.

“En tanto, luego de recuperada su independencia, varias comunidades aborígenes de los Valles Calchaquíes se sintieron autosuficientes, por lo cual revocaron el mandato de caicazgo general que habían asignado a Juan Calchaquí. Esto fue un gran error. Porque al convertirse en pequeños pueblos fácilmente atacables, rápidamente cayeron otra vez en manos de los aguerridos y muy bien armados españoles. Fueron perdiendo, una a una, el control de las localidades obtenidas por su anterior lucha unificada. 

“El gobernador Gonzalo Abreu de Figueroa lanzó cuatro ataques sobre los Valles, que no lograron someter a los indígenas. Aunque sí pusieron de manifiesto la pérdida de poder ofensivo del ejército indígena de Juan Calchaquí”.


Segundo período (1634-1637)

Gobernadores: Felipe de Albornoz, Antonio de Ulloa.

1634: Rebelión de Chalemín, líder indígena de la Confederación Diaguita-Calchaquí, curaca de los Malfines, que habitaban el oeste de la actual provincia argentina de Catamarca, en el entorno serrano de los valles de Hualfín y Andalgalá. Comandó una etapa de la guerra de resistencia contra la invasión del Imperio Español, entre 1630 y su captura en 1637.

1637: Captura y ejecución de Chalemín (descuartizado, cabeza expuesta en La Rioja)

Traslado forzado de 800 andalgaláes al fuerte del Pantano.


Tercer período (1642-1643):

1643: Última fase; indígenas confinados en el fuerte del Pantano.

Consecuencias: 150 españoles muertos; graves pérdidas indígenas (batallones compuestos por grupos con lazos de parentesco (yocaviles, malfines y andalgaláes).


-Un caso excepcional fue la insurrección de Pedro Bohórquez - señaló el anciano diaguita-: Un hombre, coronado Inca por miles de aborígenes del Tucumán y otras regiones del Noroeste... pero que en realidad era un conquistador Andaluz... que se había rebelado contra sus propios connacionales... e intentaba expulsarlos definitivamente de lo que hoy llamamos Sudamérica.

“Bohórquez había llegado al Tucumán Colonial en 1657. Era originario, como ya mencionamos, de Andalucía, España; había estado en Lima (desde 1620), en el fuerte de Valdivia.

“Tenía una estrategia de doble discurso: a los españoles, les ofrecía revelar minas riquísimas, para su explotación; a los indígenas, se les presentaba como descendiente inca. Diciéndoles que su dios Inti le había encomendado recuperar las riquezas perdidas a manos de los invasores.

“Lo hizo con tanto talento, que pudo lograr lo que más tarde se denominaría el «Encuentro de Pomán», celebrado durante el mes de julio de 1657.

“Sus protagonistas fueron:

• Pedro Bohórquez 

• Gobernador Alonso de Mercado y Villacorta

• Cacique Pivanti (Tolombón, descendiente de mitimaes incaicos)

• Hernando de Torreblanca (jesuita, cronista)

“Hubo rituales: fiestas, torneos, misa solemne... entrega de vestimenta incaica (camisetas bordadas, llauto con sol de plata, orejeras)

“Resultado: Bohórquez  nombrado Teniente de Gobernador y Capitán General... y autorizado a usar título de Inca

“El encuentro fue una ficción, que ocupó el lugar de la realidad, donde las ambiciones de oro sepultaron el temor. Los españoles creían que Dios obraba a través de Bohórquez , para resolver sus frustraciones coloniales.

“Durante dos años gobernó este falso inca, defraudando paulatinamente las esperanzas puestas en él por aborígenes y europeos. Hasta que se decidieron a darle caza y derrocarlo, lo cual provocaría finalmente su caída y muerte.

“En 1659 ocurre un primer combate en el fuerte de San Bernardo; Bohórquez, derrotado, se refugia en los Valles Calchaquíes. Desde allí escribió al presidente de la Real Audiencia de Charcas solicitando un indulto. El cual fue concedido por una junta de guerra, por lo que se entregó a las autoridades de Salta. 

“Cuando era llevado a Lima se conoció que promovía un nuevo intento de agitar otra vez a los calchaquíes. Entonces, fue muerto en secreto, por garrote vil, el 3 de enero de 1667. 

Su cuerpo, ya sin vida, fue ahorcado. Y su cabeza exhibida, clavada con una pica, en el barrio indígena de la capital peruana. 

“Muchos de los calchaquíes rebeldes fueron desarraigados y divididos, sometidos a trabajo forzado, castigados con látigo y otros tormentos, públicamente, como un modo evitar nuevos levantamientos.

“Es entonces cuando se decide la «Pacificación» Definitiva de los Valles Calchaquíes. La cual se llevaría a cabo, entre 1659 y 1667, por medio de campañas militares comandadas por Mercado y Villacorta”.

Debajo, una sinopsis tomada de los apuntes de Casimiro González Trilla:

• Invierno de 1659: Seis meses de campaña

• Balance: 400 indios degollados, 400 mujeres muertas, 1000 prisioneros, 600 familias desnaturalizadas

• Se estiman 6.000 almas sometidas

• Resistencia de los Quilmes: Comandados por Martín Iquín, finalmente se rindieron por hambre

• Consecuencia: El valle quedó totalmente despoblado, los indígenas dispersados en grupos de 5-6 familias y entregados a encomenderos de La Rioja y Catamarca

-En aquel momento se inició un proceso de mestizaje forzado, formándose una nueva sociedad criolla, mestiza y deculturada, sin autoridades indígenas ni control sobre su reproducción cultural-, dijo el sabio indígena Tolombón Aballay.

“Ese proceso de eliminación de identidad aborigen, se iba a desarrollar a todo lo largo del Siglo XVIII. Provocando, por cierto, un gran aumento del mestizaje (indígenas-criollos-españoles-negros).

“Lo cual tiene como resultado el surgimiento de castas sociales. Junto al declive de las encomiendas y el aumento del trabajo asalariado. En tal orden impuesto autoritariamente, se gesta una mayor diferenciación social, claramente instalada en las colonias del Río de La Plata hacia comienzos del siglo XIX”.

El periodista y filósofo español tomaba nota apresuradamente. No quería perder ningún detalle de la narración del anciano diaguita Tolombón, auxiliado a veces por su compañera, igualmente anciana, Killa Calchaquí.

“En aquél último periodo de las insurrecciones indígenas, se había suscitado su expansión en el Frente Chaqueño, donde varias etnias, como los Tobas, Mocovías, Pilagás y otros, se levantaban en armas o intensificaban su acoso irregular a poblaciones españolas. En tal estado de beligerancia atenuada hacia el oeste, pero creciente en la región Este del Virreynato, es que se llevan a cabo, entre 1710-1711, la campaña del gobernador Esteban de Urízar y entre 1747-1752 la campaña de Martínez de Tineo. A las cuales darían continuidad, ya en la década de 1760, varias campañas aniquiladoras de Juan Manuel Campero.

“Por fin, ocurre la rebelión de Túpac Amaru (1781), la cual, asimismo, provoca movimientos insurreccionales aborígenes como el que se inicia el 28 de marzo de 1781: 

“Centenares de aborígenes tobas, cerca de Jujuy se proponen iniciar una guerra independentista, proclamando tener como rey Inga a José Quiroga, un líder local.

“En tal periodo llegan al Noroeste las proclamas de Túpac Amaru y Dámaso Catari, difundiéndose rápidamente por toda la Puna.

“Domingo Lorenzo, un aborigen tucumano que distribuía copias de las proclamas, fue capturado por el poder virreinal y condenado a 10 años de prisión.

“La fragmentación y desestructuración indígena redujeron las posibilidades de resistencia organizada. Sin embargo, los ecos de las rebeliones altoperuanas mostraron que los efectos ideológicos se estaban prolongando mucho más que las acciones armadas”.

Tolombón Aballay expresó, como conclusión de su reseña sobre las insurrecciones indígenas, que: 

“La historia colonial del noroeste argentino fue una de las más conflictivas del Virreinato. La resistencia no fue homogénea: mientras los valles Calchaquíes lograron mantener su autonomía por más de un siglo, las poblaciones encomendadas sufrieron un proceso irreversible de desestructuración. El siglo XVIII trajo cambios profundos: el surgimiento de castas, el declive de las instituciones indígenas y el inicio de un nuevo proceso de etnogénesis. Pese a ello, las rebeliones, aunque finalmente derrotadas, dejaron una profunda huella en la memoria colectiva y en la configuración de la sociedad argentina”.


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