Capítulo 74
Capítulo 24
Tres automóviles llegaron discretamente a la casa de Zunilde Corbalán en el barrio San Martín, de La Banda. Descendiendo el suave declive que introducía al patio, fueron estacionando junto a la parte trasera del chalet. Eran las siete de la tarde, faltaban pocos días para que terminase el mes de mayo de 1943. Los hombres que descendieron de sus automóviles y se reunirían esa noche, casi hasta la madrugada, eran el general Arturo Rawson, el abogado Rosendo Allub y el teniente coronel Aristóbulo Mittelbach. Estaban planeando un Golpe de Estado.
Es que los mismos sectores de una oligarquía enquistada en el manejo de la Argentina desde la década de 1880, habían vuelto a diseñar otro fraude electoral, para perpetuarse en el poder. Que recuperaran en 1932, con la elección fraudulenta de Agustín Justo, luego del breve interregno de Irigoyen y el fallido intento nacionalista de 1930. Esta vez, todas las facciones de aquella ultra derecha antinacional y pro británica, ejercería su manejo clandestino de los resultados electorales para favorecer a Robustiano Patrón Costas.
Alrededor de una amplia mesa donde una mucama silenciosa renovaba los sandwichitos y piscolabis, así como la jarra de metal con café caliente, ocurría una escena que durante esa semana y las siguientes se repetiría en diferentes provincias y otros protagonistas, con el mismo fin: coordinar las acciones para que el levantamiento resultara exitoso. Y las fuerzas civiles y militares que promovían la urgente renovación del Estado, bajo un marco patriótico y éticamente honesto, pudieran ocupar las primeras responsabilidades políticas sin derramamiento de sangre y en el menor tiempo posible. Como Jefe máximo del Ejército Argentino, Rawson se había comprometido a acompañar al grupo de oficiales “jóvenes” (de entre 30 y 50 años) y suboficiales, quienes eran el verdadero motor de esta conspiración nacionalista.
No se proponían perpetuarse en el poder. Sino sólo aplicarse a la organización de prontas elecciones, democráticas y libres, bajo cláusulas institucionales claras y limpias, en un corto plazo. Labor que podría durar -según sus cálculos- como máximo, dos o tres años.
El teniente coronel Mittelbach, uno de los líderes del G.O.U. (Grupo de Oficiales Unidos), comenzó a informar al general en Jefe del Ejército y al dirigente político santiagueño Rosendo Allub, de los pasos sincronizados que estos patriotas -como él llamaba a los conjurados- iban a poner en marcha, durante una fecha ya próxima.
-No será una ocupación bélica que avance geográficamente provincia por provincia -decía. -A diferencia de otros conflictos anteriores, tiene que ser una operación militar concentrada en Buenos Aires. Que descabece al gobierno nacional y, en los días siguientes, tome el control de las provincias en forma administrativa, mediante Intervenciones Federales.
“El despliegue de tropas y el uso de la fuerza civil o militar, se focalizará en los accesos a la Capital Federal y las sedes de gobierno.”
A continuación, el teniente coronel Mittelbach leyó el cronograma “para una fecha próxima, ya muy cercana”, del golpe en marcha:
-Una columna de cerca de 8.000 soldados liderada por usted, mi general- exclamó, levantando la mirada hacia el comandante en Jefe Arturo Rawson- partirá desde el estratégico cuartel de Campo de Mayo.
“Al avanzar hacia el centro, las tropas del Ejército disuadirán, pacíficamente, -en la medida de lo posible-, a las fuerzas de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) -que se han negado a colaborar con nosotros. Esperamos que no presenten batalla, pues son claramente inferiores, en número y armamento. Luego de esta disuasión, nuestro Ejército rodeará la Casa Rosada.
“Muy probablemente el presidente Castillo se entregará o huirá. En el primero de los casos, será tratado y sustituido formalmente con el mayor respeto. Cualquiera de las dos posibilidades, facilitará y hará posible, de inmediato, la caída total de este régimen, que los intelectuales patrióticos han bautizado ya como la «Década Infame».”
Rosendo Allub intervino para recordar una reunión anterior, mantenida con el coronel Perón, ante un numeroso grupo de civiles representativos en la provincia de Santiago del Estero. Ante quienes, este líder del GOU manifestara que:
“Esta no es una revolución más, sino un movimiento destinado a cambiar un sistema... no solo hombres o partidos. Su aspiración es ser profundamente transformadora, especialmente en su sentido moral y humanista. La revolución no busca una simple alternancia en el poder, sino erradicar los fenómenos que llevaron a los militares a tomar la dirección del Estado.
-En aquella oportunidad -manifestó el ex senador por la Unión Cívica Radical, -se sostuvo que “las revoluciones exitosas deben ser preparadas por idealistas, pero, muchas veces suelen ser desviadas por oportunistas”; por eso, la propuesta actual se había planeando incluyendo un órgano de control —el GOU (Grupo de Oficiales Unidos)— para evitar la desviación que sufrió, por ejemplo, la revolución del 6 de septiembre de 1930.
Pocos días después -el viernes 4 de junio de 1943- el general Arturo Rawson asumiría brevemente la presidencia de la Nación. Pero al carecer de apoyo interno en el G.O.U. -por haber querido nombrar a ministros de la vieja política, renunciaría tres días después.
El general Pedro Pablo Ramírez, tomaría juramento formal, pues, como presidente de facto, el martes 7 de junio. El control del territorio nacional iba a ser tomado, tal como se programó: provincia por provincia. Una vez dominada la capital, el nuevo gobierno del G.O.U. emitió decretos de Intervención Federal para deponer a todos los gobernadores constitucionales (en su mayoría conservadores elegidos mediante el "fraude patriótico") y reemplazarlos por comisionados militares.
La toma de las provincias ocurrió de la siguiente manera:
Buenos Aires:
Al ser el distrito central, el control fue inmediato. Se destituyó al gobernador Rodolfo Moreno y asumieron interventores designados por la junta militar de forma directa.
Córdoba: Las guarniciones locales de la provincia respondieron de inmediato al mando directo de los oficiales del G.O.U. Se intervino la provincia desplazando al gobernador radical pro-oficialista Santiago del Castillo.
Santa Fe: Se disolvió la legislatura santafesina y se desplazó al gobernador Joaquín Argonz. El control se impuso a través del envío de tropas de los regimientos locales, subordinados al nuevo Ministerio de Guerra.
Mendoza: La provincia cuyana fue ocupada administrativamente de inmediato por oficiales militares de las bases andinas, derrocando al gobernador Adolfo Vicchi.
Tucumán: Se depuso al gobernador Miguel Critto. En esta provincia, el control del G.O.U. se radicalizó meses después con la designación del interventor Alberto Baldrich, un férreo exponente del nacionalismo católico y conservador.
Salta: Tenía una relevancia política absoluta porque el candidato presidencial que buscaba imponer el régimen derrocado era el salteño Robustiano Patrón Costas. La guarnición militar del norte tomó los edificios públicos de inmediato y neutralizó cualquier intento por resistir a los terratenientes locales.
Santiago del Estero: El gobernador José Ignacio Cáceres fue destituido de forma directa. El control de la provincia fue asumido de facto por el coronel Ramón Brito Arigós, como interventor federal militar.
San Juan, San Luis, La Rioja, Catamarca, Jujuy, Corrientes y Entre Ríos: En todas ellas se repitió el mismo patrón administrativo entre el 5 y el 15 de junio de 1943. Los jefes de los regimientos o distritos militares locales se presentaron en las casas de gobierno provinciales, notificaron el cese de funciones de los gobernadores civiles y asumieron el control político total en nombre de la "Revolución de Junio".
Regiones como Chaco, Misiones, Formosa, La Pampa, Río Negro, Neuquén, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego eran Territorios Nacionales en 1943 (no provincias todavía). Sus gobernadores ya dependían directamente del Poder Ejecutivo Nacional, por lo que el G.O.U. simplemente reemplazó a los gobernadores políticos por oficiales del Ejército, mediante decretos desde Buenos Aires.
Los textos que reproduciremos a continuación -resumidos- corresponden a tres intervenciones públicas del coronel Perón, entre 1943 y 1945. En ellos expone los fundamentos, el desarrollo y los alcances de la “Revolución del 4 de Junio de 1943”, así como sus concepciones sobre la Justicia Social, la organización del trabajo y el papel de la clase media. Perón presenta estos temas como una conversación entre amigos, huyendo de formalismos académicos, con el objetivo de esclarecer la verdad sobre un movimiento que, a su juicio, había sido incomprendido, tergiversado y calumniado. Su discurso se caracteriza por un tono didáctico, patriótico y de fuerte contenido moral, y busca justificar la intervención militar como respuesta a una crisis sistémica y no como un mero cambio de figuras políticas.
Parte I: La Revolución del 4 de Junio – Fundamentos y Hechos
1. Naturaleza y Objetivos de la Revolución
Perón enfatiza que la Revolución del 4 de Junio no es una revolución más, sino un movimiento destinado a cambiar un sistema, no solo hombres o partidos. Su aspiración es ser profundamente transformadora, especialmente en su sentido moral y humanista. La revolución no busca una simple alternancia en el poder, sino erradicar los fenómenos que llevaron a los militares a tomar la dirección del Estado. Perón sostiene que las revoluciones exitosas deben ser preparadas por idealistas, pero que luego suelen ser desviadas por oportunistas; por eso, la suya se planeó con un órgano de control —el GOU (Grupo de Oficiales Unidos)— para evitar la desviación que sufrió, por ejemplo, la revolución del 6 de septiembre de 1930.
2. El Contexto Social y Político Previo
Perón diagnostica una profunda descomposición moral y material en el país, que se reflejaba tanto en el Ejército como en la sociedad civil. En el ámbito militar, se habían dado casos de corrupción y alta traición, y el ejército estaba desorganizado, con cuarteles en mal estado y una estructura ineficiente. Pero esa descomposición era solo un síntoma de una Nación enferma en su cabeza: los partidos políticos tradicionales estaban en un proceso de desgaste, corrupción y desintegración, habiendo perdido todo ascendiente moral sobre la población. La apatía popular era señal de que el pueblo esperaba un cambio profundo.
3. El Papel del GOU y la Sucesión del Mando
El GOU fue creado para garantizar que la revolución no se desviara. Perón explica que los líderes revolucionarios no debían aparecer en primer plano, pues las revoluciones las ganan los que actúan desde la segunda fila. En las horas posteriores al golpe, se evitó un caos interno gracias a la intervención del GOU, que permitió la elección del general Ramírez como presidente, un hombre de honor y buenas intenciones. Así, el gobierno quedó instalado definitivamente el 6 de junio de 1943.
4. Política Internacional: Neutralidad y Ruptura con Estados Unidos
Perón dedica un extenso pasaje a la política internacional, en particular a las relaciones con Estados Unidos. Argentina había mantenido una política de neutralidad durante la Segunda Guerra Mundial, coherente con su tradición de 50 años. Sin embargo, la presión continental y la evolución del conflicto llevaron al país a declarar la guerra, aunque sin una preparación previa de la opinión pública, lo que generó momentos difíciles.
Un punto clave es el relato de la misión Warren, enviada por el presidente Roosevelt para acercar posiciones con Argentina. Perón asegura que se alcanzaron acuerdos completos en materia política, económica y militar, pero que tras la muerte de Roosevelt, la nueva administración (con el embajador Spruille Braden) paralizó todo, denunció los pactos y trató a Argentina como a un país vencido, al igual que a España. Perón interpreta esta hostilidad no como una decisión del pueblo estadounidense, sino como parte de una lucha entre grupos financieros (Morgenthau vs. Morgan). No obstante, se muestra optimista en que la política democrática de Estados Unidos puede cambiar y que los diferendos se resolverán.
5. Política Interna y Reformas de Conjunto
En el plano interno, Perón señala que los partidos tradicionales habían llegado a su punto de colapso. La revolución encontró un pueblo apático pero dispuesto a recobrar su protagonismo. Una vez que la masa comprendió que el movimiento era decisivo, se entregó al nuevo orden con intuición. La revolución se dedicó entonces a la labor social, luego a la económica y finalmente a la política, que resume a las dos primeras.
Perón denuncia la falta de organicidad del país: caos económico y social, ausencia de una legislación social básica (solo la ley de accidentes de trabajo), y una estructura política sin partidos organizados. Para contrarrestar esto, se trazó un plan de reformas correlacionadas: reforma militar, reforma social, reforma económica y una campaña de propaganda preventiva para educar a las masas en el discernimiento de la información.
6. Reforma Militar
El Ejército fue transformado radicalmente: se pasó de 30.000 a 100.000 hombres, se crearon once fábricas militares para abastecer de pólvora y municiones, y se mejoró la disciplina y el equipamiento. Perón critica a un jefe que afirmó que no había recursos para salvar el honor militar, afirmando que el honor se salva incluso muriendo. La reforma militar buscaba que el Ejército, que es del pueblo y para el pueblo, pudiera defender la integridad territorial, algo que hasta 1943-1944 era prácticamente imposible.
7. Reforma Social y Económica
Perón destaca la necesidad de una reforma agraria para revertir el desequilibrio demográfico: el 76% de la población se concentraba en las ciudades y solo el 24% en el campo. Había que impulsar el regreso a la tierra y traer inmigrantes para poblar el campo. El plan industrial debía coordinar la producción agraria para generar verdadera riqueza.
En lo económico, la prioridad era recuperar la dirección de la economía, que había sido entregada a monopolios extranjeros. Se crearon organismos como la Dirección General de Censos y Estadística, la Secretaría de Industria y Comercio, la Secretaría de Trabajo y Previsión, el Banco Industrial (reclamado durante 50 años), el Consejo Nacional de Posguerra, la Administración Nacional del Agua y la Secretaría de Salud Pública. Perón subraya la necesidad de atender la salud de los conscriptos, que se presentaban en condiciones desastrosas.
En el ámbito laboral, se aspiraba a una organización profesional similar a los Trade-Unions ingleses, para conjurar el peligro comunista y establecer convenios colectivos que regulen las relaciones entre capital y trabajo. Además, se buscaba una política de salarios justos que elevara el nivel de vida de los trabajadores y los convirtiera en consumidores de la producción nacional.
Perón concluye esta sección afirmando que el movimiento político-social no podrá ser detenido, salvo por un cataclismo nacional, pero que su estabilidad depende de la organicidad de las ideas. Propone cuatro reglas: simplicidad orgánica, sistematización orgánica, estabilidad orgánica y finalidad orgánica.
Parte II: La Era de la Justicia Social
1. El Estado como Árbitro y Promotor del Bienestar
Perón, al hablar desde su experiencia al frente del Departamento Nacional de Trabajo, sostiene que los problemas gremiales deben resolverse mediante acuerdos directos entre patrones y obreros, con la participación del Estado como parte del trípode social. Rechaza la idea de que los conflictos laborales sean materia privativa de las partes, pues cualquier anormalidad repercute en la economía general y en la cultura del país. El trabajo es un moldeador del carácter y de las costumbres colectivas.
2. Crítica al Abstencionismo Estatal
Perón critica duramente la actitud pasiva del Estado frente a las contiendas sociales. Durante décadas, los gobiernos prefirieron mantener una postura negativa, solo interviniendo cuando el orden público se veía amenazado. Eso facilitó la propagación de la rebeldía y permitió que los patrones, libres de tutela estatal, sometieran a los trabajadores a su conveniencia. Como reacción, surgió un sindicalismo anárquico y resistente, alimentado por odios y resentimientos.
3. La Organización Sindical como Imperativo
Para Perón, la organización sindical debe ser indestructible, pero solo si se orienta al bien colectivo con sentido patriótico. Las asociaciones profesionales deben sujetarse al imperativo de la organización, y el Estado debe estimular su formación, siempre que sean conscientes de sus deberes y estén dispuestas a colaborar con la justicia y el prestigio nacional. No se debe perder tiempo esperando organizaciones perfectas; la realidad exige soluciones inmediatas.
4. Creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión
Con la creación de esta Secretaría se inicia una nueva era en la política social argentina. Queda atrás la inestabilidad y el desorden. Las empresas tendrán garantías si retribuyen y tratan bien a su personal; los obreros tendrán la certeza de que se harán cumplir sus derechos y deberes. La acción del Estado será rápida y eficaz, y se evitarán leyes defectuosas que beneficien solo en el papel.
Perón anuncia que no se fijará un programa rígido de realizaciones inmediatas, sino que las mejoras surgirán al compás de las necesidades y posibilidades. El Consejo Superior de Trabajo y Previsión, integrado por representantes de los distintos sectores, servirá como órgano consultivo para enriquecer las decisiones con la experiencia acumulada.
5. Principios Rectores
La política social debe robustecer los vínculos de solidaridad humana, incrementar el progreso de la economía nacional, fomentar el acceso a la propiedad privada, acrecer la producción y defender al trabajador mejorando sus condiciones de vida. Perón insiste en que no se trata de perjudicar al patrón, sino de adoptar medidas técnicas que aumenten el rendimiento, mejoren precios y salarios, y establezcan un entendimiento cordial entre todos los factores de la producción.
Parte III: Una Política para la Clase Media
1. Importancia de la Clase Media
Perón comienza destacando que la grandeza de un Estado moderno se mide por la calidad de su clase media. Empleados públicos, comerciantes y profesionales enfrentan problemas específicos que requieren atención. Por ejemplo, el Estatuto del Servicio Civil no puede ser solo un acuerdo bilateral entre el Estado-patrón y el empleado; necesita un tercer elemento: el Estado-juez, representado por la Secretaría de Trabajo y Previsión, para garantizar el equilibrio.
2. Creación de la Secretaría de Industria y Comercio
Anuncia la pronta creación de esta Secretaría, que vendrá a llenar un vacío similar al que existía antes de la Secretaría de Trabajo. Su objetivo será terminar con el caos en el ámbito comercial e industrial, y ya se ha comenzado a trabajar a través del Consejo de Racionamiento.
3. El Problema de los Profesionales
El problema de los profesionales es complejo pero no difícil; el Estado moderno debe asegurar el ejercicio eficiente de las profesiones liberales, que él mismo propicia en las universidades.
4. Análisis de la Proclama Revolucionaria
Perón procede a analizar la proclama del 4 de Junio, escrita por él mismo en quince minutos, para demostrar que la revolución tuvo desde el principio un plan racional. La proclama se divide en cuatro partes:
Planteo de la situación: justifica la intervención del Ejército ante la crisis.
Objetivos políticos: honradez administrativa, unión de todos los argentinos, castigo a los culpables, restitución al Estado de bienes mal habidos. Afirma que las instituciones y leyes son buenas, pero los hombres han delinquido en su aplicación.
Contenido social: unidad del pueblo, solución de sus problemas y restitución de derechos.
Contenido histórico y de política internacional: defensa de la soberanía, cumplimiento de la tradición histórica, leal colaboración americana y cumplimiento de compromisos internacionales.
Contenido ético y patriótico: compromiso de honor de los revolucionarios de trabajar por el bienestar, la libertad y los derechos de los argentinos, renunciando a emolumentos extras, siendo inflexibles, y entregando a la justicia a los corruptos.
5. Las Tres Fases de la Revolución
Perón distingue tres fases en toda revolución bien planeada:
Preparación: realizada por las fuerzas armadas, sin mezclar al pueblo para evitar la guerra civil.
Golpe de Estado: ejecutado también por los militares.
Revolución misma: en esta tercera fase, debe aumentar la participación popular, pues una revolución que no impregna al pueblo de sus ideales está condenada al fracaso.
Advierte que las revoluciones suelen "comerse a sus propios hijos": los idealistas son reemplazados por oportunistas. Para evitarlo, el GOU actuó como organismo supervisor, corrigiendo desviaciones y garantizando que el movimiento no perdiera su rumbo. Así, la revolución ha llegado al momento actual sin desvirtuar sus fines.
6. Crítica a la Oligarquía y la Conformación de la Clase Media
Perón hace un análisis histórico: la Nación se formó a partir de un patriciado virtuoso, pero con el tiempo, el manejo de la cosa pública pasó a una oligarquía que malgastó el patrimonio nacional. Esa oligarquía, servida por políticos hábiles, no solo cometió el delito de gobernar mal y entregar riquezas al extranjero, sino que anuló a los hombres capaces de la clase media. Cuando un joven de la clase media destacaba, lo cooptaban para servir a sus intereses o lo relegaban a un empleo menor. Así, la clase media se formó con un complejo de inferioridad y un individualismo que la debilitó: mientras el obrero pide mejoras para todo su gremio, el hombre de clase media pide solo para sí.
7. La Revolución como Regeneración
La Revolución busca devolver al país su verdadero sentido institucional, gobernado por los hombres más capaces, sin exclusiones, y de acuerdo con la Constitución (idoneidad y capacidad, entendiendo esta como talento más virtud). Perón afirma que no hay instituciones malas con hombres buenos, ni buenas instituciones con hombres malos; el problema es de regeneración.
8. Balance y Perspectivas
Perón se muestra satisfecho con la tarea realizada en la clase obrera y espera poder hacer una obra similar en la clase media en el menor tiempo posible. Ya se ha tomado contacto con las grandes agrupaciones profesionales, y la futura Secretaría de Industria y Comercio permitirá abarcar a todos los sectores. Concluye con un llamado a que cada argentino asuma la bandera de la Revolución como propia, porque si no es de todos, no será tan perfecta como la desean.
A lo largo de estos discursos, Perón delinea un proyecto de país que combina un fuerte sentido de la justicia social con un nacionalismo económico y político. Su diagnóstico es pesimista sobre el pasado reciente (corrupción, entrega de la economía, descomposición moral), pero optimista sobre el futuro, gracias a la Revolución que él lidera. Los ejes de su programa son:
La revalorización del trabajo y la dignidad del trabajador, con el Estado como garante del equilibrio entre el capital y el trabajo.
La organización y el fomento de las asociaciones profesionales, como instrumentos de cooperación y como barrera contra el comunismo y el individualismo extremo.
La recuperación de la soberanía económica, mediante la creación de organismos estatales, el fomento de la industria nacional, la reforma agraria y la protección de los recursos nacionales.
La regeneración moral de la política, combatiendo la corrupción y abriendo el acceso a los cargos públicos a los más capaces, sin distinciones de clase.
La modernización de las fuerzas armadas, convertidas en un pilar de la defensa y el desarrollo nacional, y en un instrumento de integración social.



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