Capítulo 51
Julio Carreras
Los Ulalos
Tercera Parte
El Vivero
Capítulo 1 (51)
El ahora Oberstgruppenführer (mayor general) de la Wehrmacht, Erwin Rommel, tenía a su cargo la planificación estratégica para todas las divisiones y ejércitos de tierra de la Nación Alemana. Con tal carácter viajó a América del Sur, una vez más, en marzo de 1938. Para inspeccionar los avances que, tanto el Ejército alemán, como algunas empresas privadas alemanas estaban obteniendo en sus ocho proyectos industriales, rurales, científicos e investigativos en Santiago del Estero.
Debería concretar, asimismo, dos reuniones claves para los propósitos estratégicos mundiales del Tercer Reich: una, muy reservada, con los jefes alemanes del complejo industrial de Santiago del Estero. Otra, en Córdoba, con militares y políticos argentinos, junto a principales operadores germanos, aunque ciudadanos argentinos, en el Hotel Edén.
Apenas había pasado el mediodía del 27 de marzo de 1938 un día nublado y fresco, cuando el avión de Rommel aterrizó en el campo de un gran estanciero alemán, en Valparaíso. Luego del agradable almuerzo, partieron en un tren especial que había sido reservado únicamente para Rommel y los 8 integrantes de su comitiva, por el Ferrocarril de la Chilean Railway Company. Atravesando el Túnel Trasandino, muy elogiado por Rommel y sus compañeros, como una obra de ingeniería ejemplar, llegaron a Mendoza hacia las 19:00 del día siguiente, 28 de marzo. Donde los esperaban 10 automóviles, con sus respectivos choferes. Llegando a la ciudad de Pinto, en Santiago del Estero, al día siguiente.
Allí, en las amplias instalaciones de la Delegación Científica Alemana en Santiago del Estero, se instalaron cómodamente el Mayor General Rommel y sus colaboradores. Para iniciar desde aquel centro de operaciones sus giras, destinadas a recorrer, primero, las instalaciones mineras, agrícolas, científicas y militares que, desde 1935, mantenía la delegación alemana en Santiago del Estero. Y luego, como dijimos, viajar rápidamente a Córdoba para la segunda tarea importante que los funcionarios del Reich traían.
Aunque la primera visita que Rommel efectuó no fue oficial, sino de cortesía. A un primo inglés, ingeniero, quien trabajaba como gerente de una Planta Procesadora de Tanino, en Sumampa. Ese mismo día domingo, pues, luego del almuerzo, el general se dio un rápido baño, y vestido de civil salió, caminando, rumbo a la estación de Pinto. Por donde pasaba, a las dos de la tarde, un tren, que lo llevaría, en menos de una hora, hasta Sumampa.
Antes de que llegase al portón de salida de la finca lo alcanzó su asistente, el capitán Pohl, quien agitado, le dijo:
-¡Voy con usted, mein Oberstgruppenführer!
-¡No, Hermann, quédate, es sólo un paseo!
-¿No seré castigado por la superioridad, señor?-vaciló el capitán.
-Quedate tranquilo. Es domingo. Ve tú también a pasear, o haz lo que quieras. Yo estaré bien, volveré antes de las 9 o 10 de la noche.
Ya en el tren, Rommel observó con deleite la espesa jungla que se deslizaba como una cinta vegetal hacia atrás, mientras el vehículo aceleraba su carrera. Amaba esta tierra. Dos años antes había venido, con su esposa, en viaje de placer -como se recordará, si se ha leído los capítulos anteriores de esta novela. Habían recorrido, juntos, los bosques en la región de Taboada, Garza, Lugones. A cada serpenteo de los angostos caminitos, se habían detenido, a escuchar... los pájaros... ¡eran miles de trinos! ¡Todos diferentes, pero armonizados! ¡Constituyendo una gigantesca sinfonía, al atardecer, que “el mismo Johann Sebastian Bach se hubiese detenido a copiar, en su cuaderno, de haber tenido el privilegio que ahora mismo estamos disfrutando, nosotros”, le había dicho a su esposa Lucie Marie, durante su anterior visita a Santiago del Estero.
Para su contrariedad, llegaron demasiado pronto. Rommel había progresado extraordinariamente en su manejo del castellano. Así que pudo comunicarse perfectamente con el vigilante de la Estación, quien le explicó con claridad como llegar a la fábrica de los ingleses, afortunadamente muy cerca.
La Planta Procesadora de Tanino, como enseguida pudo observar Rommel, estaba constituida en las afueras de Sumampa por un galpón, un gran tanque, un túnel -cuya redondeada puerta pudo ver desde la entrada, y una muy alta chimenea hecha con ladrillos. Procesaba la madera del quebracho colorado en astillas y polvo de tanino, elementos intensamente requeridos por los mercados de entonces. Los cuales se utilizaban principalmente en el proceso de curtido de cuero, donde reaccionaba con las proteínas de colágeno presentes en las pieles de los animales, aumentando su resistencia al calor, putrefacción por agua y ataque por microbios. Este proceso, conocido como curtido, era esencial para la producción de cuero de alta calidad, utilizado en una variedad de aplicaciones, desde sandalias y cinturones hasta armaduras y cubiertas de libros.
La industria del tanino, en la actualidad, (pensó Rommel) se había actualizado con la introducción de nuevos métodos de curtido... como el curtido al cromo, que se utilizaba a gran escala en la producción industrial. Pese a ello, muchas curtiembres continuaban utilizando taninos en sus procesos. Especialmente en curtidurías toscanas, lo que les permitía obtener resultados únicos, inimitables, que mejoraban con el tiempo.
Luego de mostrar su documento al vigilante, con uniforme de color rojo, que salió prestamente de una pequeña oficina de ladrillo y cemento, pintada de blanco, a un costado de la tranquera.
-Soy primo del ingeniero Rupert Jekyll- le dijo Rommel al soldado, que lo atendía luego que hubiera tocado la campanilla colgante de la entrada. -Nos hemos criado juntos, hasta la juventud -continuó, mientras el empleado observaba atentamente su pasaporte. -En los campos de mi abuelo materno, o en los de su familia, en Inglaterra.
-¿Usted es el mariscal Rommel? -preguntó el hombre, de unos cincuenta años, quien lo miraba asombrado, ojiplático.
-Todavía no soy mariscal... pero sí... contestó el alemán: soy Rommel.
El santiagueño le devolvió su documento, abrió el inmenso portón de par en par, luego se paró junto a él, y cuadrándose, hizo chocar los tacos de sus polainas, provocando un sonido militar, le hizo la venia, y con voz tonante casi gritó:
-¡Adelante mi mariscal! ¡Pase usted! ¡El ingeniero está en su chalet! ¡Tal vez esté durmiendo la siesta! ¡Pero seguro, lo atenderá!
A unos cien metros del portón se levantaba el chalet de Rupert Jekyll. Estilo country house inglesa de la época, pero adaptada al clima tropical: techos altos para ventilación, amplios aleros, galerías sombreadas y materiales que resisten la humedad.
Era una casa de dos plantas con techo a dos aguas muy pronunciado, cubierto de tejas rojas oscuras o pizarra importada. La fachada combinaba mampostería de piedra y ladrillo visto en la planta baja (para dar solidez y frescura, pensó Rommel) con entramado de madera pintada de blanco y negro (estilo Tudor Revival, se dijo) en la planta superior.
Las chimeneas de ladrillo rojo se elevan con elegancia, aunque en esta zona cálida se usan más para ambiente que para calor constante. Grandes ventanas de guillotina con postigos de madera permiten controlar el sol y crear corrientes de aire.
Una amplia galería (veranda) rodeaba parte de la casa, con piso de madera y columnas torneadas, ideal para sentarse por las tardes con ventiladores de techo y mosquiteros, contemplando el bosque denso y verde.
Cuando estaba aún a unos treinta metros del chalet, Erwin vio aparecer a su primo Rupert, en la galería. Quien, parado poco antes de los cuatro escalones que le daban entrada, exclamó, con ambos brazos levantados en V hacia sus costados, y las manos abiertas, sus palmas hacia dentro:
-¡Erwin!... ¡Johannes!... ¡Eugen!... ¡Rommel!... ¡von Luz!... ¿Qué misterioso manejo cósmico de Freya y Loki, te ha traído por estos bosques sudamericanos?-(dicho todo en perfecto alemán).
-Ningún manejo cósmico, sólo la sangre y nuestra antigua cultura genética ancestral que nos une...-contestó Rommel, (todo en perfecto inglés británico).
Y a continuación, mientras caminaba, recitó un fragmento del antiguo poema sajón Beowulf:
Hwæt! Wē Gārdena in geār-dagum,
þēod-cyninga, þrym gefrūnon,
hū ðā æþelingas ellen fremedon…
(¡Escuchen! Hemos oído hablar de la gloria de los daneses lanceros,
en tiempos pasados, y de los reyes tribales:
cómo esos príncipes realizaron hazañas de valor...)
Se abrazaron con fuerza luego de que Rupert saltara los cuatro escalones de madera sin dejarlo alcanzar la galería aún.
-¡Pasa, pasa!, le dijo después. Mi casa es tu casa...
Al entrar, un hall con piso de madera oscura, seguramente quebracho colorado, y paneles de roble daba la bienvenida. A la derecha, el salón principal, el corazón de la casa: techo alto con vigas vistas, una gran chimenea de piedra (para las noches más frescas del invierno subtropical) y muebles tapizados en telas inglesas.
Junto al salón, el comedor formal, con mesa de roble para ocho personas y un aparador lleno de vajilla Wedgewood.
La cocina era amplia, con un gran fogón Aga (funcionando a carbón) y despensa. Detrás hay una zona de servicio con lavadero y acceso al jardín trasero.
En el sótano o cuarto de calderas se encuentra el tanque de calefacción a leña (un boiler de hierro fundido de estilo victoriano tardío). Era un sistema central que distribuía agua caliente a radiadores de hierro, en todas las habitaciones. Aunque el clima es cálido, sirve para días más frescos, para agua caliente sanitaria y para dar ese toque inglés que los anglo sajones tanto valoran.
Una escalera de nogal con pasamanos tallado lleva al primer piso.
Allí, estaba la habitación principal (padres): amplia, con cama king size, vestidor y un pequeño balcón privado con vista al dosel del bosque.
Dos habitaciones para los hijos: luminosas, con camas individuales o literas según la edad, escritorios y armarios empotrados.
Dos habitaciones de huéspedes: cómodas e independientes, cada una con su propio baño o compartiendo uno amplio.
Había dos baños completos más en el pasillo y un pequeño tocador. Los techos eran altos y las ventanas grandes para maximizar la ventilación cruzada; también mosquiteros fijos y ventiladores de aspas.
Todo esto le fue mostrado a Erwin Rommel por su primo Rupert, para terminar luego con la exhibición de un estudio-biblioteca con estanterías hasta el techo y un escritorio de caoba.
Una sala de mañana o conservatorio acristalado lleno de plantas tropicales y muebles de mimbre, perfecto para desayunar.
Terraza lateral con espacio para hamacas y sillones.
Pequeño garaje para un automóvil (ahora había allí un Austin).
Jardín inglés adaptado: césped, rosales y hortensias mezclados con helechos, junto a paraísos y tipas, nativas del bosque.
La casa transmitía calidez y elegancia británica, aunque, también, respiraba el aire húmedo y perfumado del bosque sudamericano.
-¡Vives aquí mejor que en Londres!- le dijo Rommel.
-Así sería... si pudiese traer a Sally, y los niños... mas no resulta posible... Sally es docente, como sabes quizá, en Cambridge, y los niños, ya casi jóvenes, deben continuar sus estudios, uno de ellos también en Cambridge, ya...
En este tono familiar y amistoso transcurrió la primera jornada de Rommel en Santiago del Estero aquel domingo. Como a las 20:45, luego de una cena liviana, Rupert lo llevó en su automóvil hasta el portón mismo de la delegación alemana en Pinto. Allí, se despidieron con un abrazo.
El lunes 30 de marzo comenzaría efectivamente la tarea para la que había sido comisionado el comandante general Rommel. Una reunión con los principales responsables de las industrias y emprendimientos científicos o militares que se estaban desarrollando en Santiago.
El intercambio de información y despliegue de un panorama minucioso de las perspectivas y tareas que el grupo debía desplegar en Argentina, duró toda aquella jornada. Que comenzó a las 9 de la mañana, y terminó a las 21.
Luego de un almuerzo frugal, los convocados -unas veinte personas, todas alemanas-, continuaron deliberando e intercambiando información hasta el anochecer.
Protagonista principal en aquel encuentro sería, por cierto, el general Rommel. Quien al comienzo de la reunió pronunció una charla, de aproximadamente media hora, donde desplegó el estado de situación política en el ámbito internacional, desde la cosmovisión alemana, y las diversas acciones que el Tercer Reich consideraba como posibles de próxima aplicación.
En esta conferencia, el militar comunicó a los responsables de la delegación alemana en Santiago del Estero, básicamente el siguiente Estado de Situación y Propósitos:
-Desde 1933, con paciencia y tenacidad, el pueblo alemán y su conducción hemos ido desmontando, poco a poco, el perverso Tratado de Versalles: en este camino correcto, pudimos recuperar la Renania, en 1936.
Asimismo, se ha impulsado desde nuestro gobierno una política exterior basada en el pangermanismo (unir a todos los pueblos “alemanes”) y en la expansión territorial (Lebensraum). Lo cual nos ha dado un gran prestigio en el ámbito europeo y mucho respeto por la comunidad internacional.
Sus palabras fueron recibidas con entusiastas aplausos.
-En estos días hemos dado un paso fundamental: nuestra Patria, Alemania logró recuperar Austria, sin resistencia militar...
“Esto llevó a tensiones con Gran Bretaña y Francia por cierto, pero no se atrevieron a actuar militarmente. Ahora estamos decididos a seguir adelante, consolidándonos. Nuestro Führer, Adolf Hitler exigió a Checoslovaquia el territorio de los Sudetes, habitado en parte por germanoparlantes. Levantando un clamor entre quienes nos sometieron a protocolos injustos, desde 1918. Debo decirles -aunque posiblemente lo saben- que muchos periódicos sensacionalistas están difundiendo titulares como este: Europa quedó al borde de la guerra.
Los circunstantes lo escuchaban en absoluto silencio y con gran expectativa.
-El primer ministro británico, Neville Chamberlain, apaciguó a Londres, proclamando que se había asegurado la “paz para nuestro tiempo”... creemos que este camino de sensatez va a prevalecer. Pero hay halcones y hasta fanáticos, como Winston Churchill, que vociferan en contra.
“Debido a lo cual, es verdad que... debemos prepararnos para una guerra.
Luego de una serie de consideraciones, Rommel afirmó que:
• Alemania estaba a la ofensiva diplomática y militar.
• Francia estaba debilitada política y socialmente.
• Gran Bretaña buscaba ganar tiempo.
• La URSS estaba aislada.
• Los países pequeños (Austria, Checoslovaquia, Polonia), no representaban una amenaza seria para Alemania.
En ese contexto, Rommel consideraba que la guerra no comenzaría en Europa. Pero que, posiblemente, estallaría en algún momento, para llegar, en otros territorios, como Asia. Donde la alianza de los germanos con el Imperio Japonés, podría obligarlos a participar.
Respecto de los británicos, el Reich estaba dispuesto a respetar su imperio colonial. Pues el Führer consideraba a los británicos como un pueblo ario, emparentado con los alemanes. En tal contexto, creía que Inglaterra debía dominar los mares y Alemania el continente europeo.
A pesar de ello:
-El Führer no dejaba de percibir que hoy, Inglaterra, era un imperio decadente, debilitado por una extensa historia de errores políticos, tanto en sus colonias como en el ámbito de su territorio propio. Pese a ello, su objetivo no era derrotar a Inglaterra, sino lograr que aceptara una Alemania hegemónica en Europa central y oriental.
-El objetivo presente, entonces, por todo lo expresado, dijo Rommel, ya hacia el final de su exposición- es continuar preparándonos para la guerra, pero evitar precipitarla nosotros.
“Por Ahora”, agregó.
El miércoles primero de abril, culminando su misión, el mayor general Erwin Rommel se reuniría en el Hotel Edén, La Falda, Córdoba, con los tenientes coroneles del Ejército Argentino Miguel Ángel Montes y Emilio Ramírez, y el coronel Juan Domingo Perón. También participarían dos alemanes, nacionalizados argentinos: Willy Khann, de unos treintaidós años de edad, presidente de las Juventudes Nacional Socialistas de la Argentina, y el señor Gunther Besoldth, 53 años, presidente de la Asociación de Empresarios Alemanes en la Argentina.
El propósito era cruzar perspectivas analíticas sobre la situación internacional, en sus aspectos económicos, políticos y sociales, sudamericana y nacional.
Rommel inició la reunión con un saludo a los argentinos, de parte del Führer Adolf Hitler, así como de todo el gobierno y el pueblo alemanes, dirigido al pueblo argentino, representado en esta reunión por los presentes, que vivían, trabajaban y proyectaban el futuro de sus descendencias en “este rico país, rico en recursos naturales, en cultura, tradición y principalmente en la calidad de sus habitantes”, según expresó.
Luego, se invitó al coronel Juan Domingo Perón a exponer una síntesis de los fundamentos políticos del GOU, nueva organización militar que se proponía influir decisivamente en el futuro de esta nación.
-Nuestra aparición estuvo vinculada al clima de crisis política y social que atravesaba el país tras la Década Infame (1930–1943)- afirmó el coronel Perón-, caracterizada por fraudes electorales, corrupción y subordinación de la economía a intereses extranjeros.
“Siendo sus fundamentos desde nuestros inicios, neutralidad en todo conflicto internacional, manteniendo a la Argentina al margen de los conflictos, resistiendo las presiones de Estados Unidos y Gran Bretaña para que, en caso de concretarse, el país se alinee con los Aliados.”
Además:
“Nacionalismo económico y político: con un proyecto de independencia frente a las potencias extranjeras, defendiendo la soberanía nacional y rechazando el entreguismo de los gobiernos conservadores.
“Control del movimiento obrero: interrumpiendo el avance de las ideas comunistas y socialistas en el sindicalismo. Encauzando, desde el Estado, al movimiento obrero hacia un nacionalismo popular.
“Realizar, en caso de llegar a asumir el poder en nuestra Patria, una profunda reforma moral y política. El GOU actuará como una potente fuerza regeneradora, frente a la corrupción y el fraude electoral de la Década Infame. Nuestro lema es “Patria y Honor”.
“Tercera Posición: el GOU sentará las bases en la Argentina de una alternativa, entre capitalismo liberal y comunismo, con fuerte intervención estatal en la economía y con justicia social.
“Una vez llegados al poder, cosa en la que confiamos -afirmó Perón- el GOU impulsará:
“La reorganización total del Estado.
“La promoción de figuras limpias e intachables, desarrollando políticas laborales inéditas, como convenios colectivos, mejoras salariales, vacaciones pagas y reconocimiento sindical para los trabajadores.
“Una política cultural y educativa orientada al nacionalismo, con énfasis en símbolos patrios y en la identidad argentina.
“Nuestro proyecto político es, esencialmente nacionalista, militar y social, con el propósito de recuperar la soberanía argentina, disciplinar la vida política y encauzar al movimiento obrero bajo un liderazgo nacional. Aunque nacimos como una logia militar, con objetivos inmediatos, nuestra acción está abriendo el camino a un movimiento nacional cívico, que transformará estas ideas en un partido político de masas.”
El discurso del imponente coronel -que superaba a los demás presentes, en estatura, calidad de voz y precisión expresiva, dejó a todos muy impresionados.
Luego de ello, y una vez que hubieron hecho sus aportes los demás representantes invitados, compartieron un refrigerio en los jardines de fastuoso hotel alemán que se levantaba como una inusual alcazaba, entre las serranías de Córdoba.
***
Imagen creada por Carlos Arboleda Conde. Coloreada por Quipu con img2go.com
El 12 de abril de 1936, Domingo de Resurrección, Casimiro González Trilla alcanzaba penosamente los arrabales de la ciudad de Frías. Aún pequeño, aunque pujante “polo de progreso”, por ser una de las pocas urbes santiagueñas donde se habían asentado y prosperado medianas industrias, entre ellas, la minería. Había llegado, cansado, en tren. Y venía caminando desde la estación, arrastrando tras sí la zorra alquilada a un paisano. El mismo que venía por detrás, empujándola, pues traía encima su máquina impresora Heidelberg.
Entrando a la ciudad se cruzó con una nutrida procesión, encabezada por el sacerdote con su cruz en alto y algunas personas mayores, relativamente elegantes, seguidas por decenas de otros cuya ordenación parecía establecida por pertenencia social. Pues a medida que se ubicaban en la retaguardia sus ropas eran cada vez más pobres, hasta llegar, incluso a meros harapos y pies descalzos, como los de gran parte de las bandas de niños que entrando y saliendo de la procesión la acompañaban con algarabía. Todos, incluso el sacerdote, se detuvieron al ver llegar, en sentido contrario, a tan extraño personaje. Por un momento, la concurrencia se disgregó, y rodeando al español de traje gris y oscuro sombrero, ya cincuentón, por un momento lo obligaron a detener su avance. El sacerdote, actuando como vocero de la gente, lo saludó para luego preguntarle:
-¿Qué lleva ahí? ¿Tal vez una máquina para instalar un nuevo negocio?
-Así es, amigo -contestó González Trilla- Es una máquina. Una imprenta.
De la multitud se levantó un clamor.
-¡Ohhh! ¡Una imprenta!
-¿Podría levantar la colcha que la cubre? Por favor... -exclamó el sacerdote. -¡Nunca hemos visto una imprenta! ¿Podemos verla?
-Con mucho gusto, señor. Y pueden tocarla, también, si quieren. Pero de a uno...
Rápidamente levantó la gruesa frazada que hasta entonces cubría por completo el bulto, y ante las miradas maravilladas de todos apareció una reluciente máquina, perfectamente nueva en apariencia, seguramente por haber sido cuidada con esmero desde su adquisición.
-¡Hermosa, hermosa!-se asombró, también, el sacerdote... Si usted lo desea, puedo bendecirla, para que su negocio de imprenta tenga éxito, protegido siempre por la mano de Dios.
-Le agradezco, don... pero soy ateo... creo que los negocios tienen éxito o fracasan por factores que son intrínsecos únicamente a los manejos correctos o incorrectos de los humanos...
-Bueno, hermano... si cambia de idea, igualmente estaremos dispuestos a efectuarlo, en cualquier momento... podrá encontrarnos, cuando lo desee, en la parroquia de la ciudad.
Dos años más tarde, González Trilla recordaba este "ingreso triunfal", como lo denominó jocosamente cada vez que lo rememoraba en conversaciones de amigos. Ya con su periódico propio, El Friense. Para el cual preparaba ahora una edición especial, con la Historia de Frías. Solventada por el Municipio -luego de intensos regateos con el intendente-, para conmemorar un nuevo aniversario de la ciudad.
Nacido en Ledesma, España, en 1880, González Trilla era diplomado en filosofía y Letras por la Universidad de Salamanca (título que casi únicamente le sirviera para la verdadera profesión que había ejercido hasta ahora con entusiasmo: la de Periodista). Con mayúscula. Pues creía tozudamente que el periodismo honrado era la única actividad que podría abrir un camino de progreso y bien para todas las sociedades del mundo. Corroídas desde el paleolítico mal llamado superior por la mezquindad, el vicio, la corrupción política y económica, desde sus orígenes. Casimiro había venido por primera vez a América, con gran entusiasmo juvenil, durante los primeros años de este promisorio Novecento, que aún vivían, aunque ya muy contaminado por el desaliento moral que había provocado como efecto aniquilador la gran guerra mundial de 1914. Contratado para organizar una universidad en Bolivia, cuando llegó a destino, un golpe de Estado había dejado sin efecto las decisiones tomadas por el gobierno anterior, incluyendo su contrato. No quiso regresar a España: decidió, pues, continuar viaje, hasta la provincia de Santiago del Estero. Donde, luego de establecerse en Añatuya, conoció y se casó -por primera vez-, con Dalmira Tolosa.
En aquella ciudad, cabecera de la poderosísima industria del quebracho, núcleo de coordinación ferroviaria hacia las florecientes fábricas de tanino y el Puerto de Santa Fe, nacieron sus tres primeros hijos: Casimiro, Blanca Dalmira, y mi Julia Rosa.
Como hemos narrado en un capítulo anterior de esta novela (ver Libro Primero, Capítulo 21) tuvo que salir de allí luego de peligrosas confrontaciones con poderes multinacionales que lo superaban. Sin perspectivas de subsistencia en Santiago, se trasladó a Asunción del Paraguay. De donde pronto, también, tuvo que exilarse por razones similares, a fines de 1931.
Se fue solo, a España, a comienzos de 1932, logrando una cierta posición económica estable. Pero la nostalgia por sus hijos y la disconformidad con la consolidación del nazismo en Alemania y su alianza con la poderosísima ultra derecha española en su país, lo hicieron regresar a la Argentina en 1936. Dado que, por si todo lo sucedido anteriormente fuera poco, había fallecido su esposa. Dejando a los hijos en casa de unos tíos.
Ya en Santiago del Estero, el filósofo, activista social, editor, periodista Casimiro González Trilla se instala, con sus hijitos, en Laprida. Donde conoce y se casa, en segundas nupcias, con Juana Josefina Scarpa Smit. Matrimonio del cual nacen otros cuatro hijos: Julio Cesar, Luis Alberto, Estrellita y Carmencita.
Dejó de dar rienda suelta a su rememoración y se puso a revisar las pruebas de imprenta. El texto había quedado bastante bien, para su gusto. Debía ilustrarlo convenientemente, sólo con cuatro fotografías -el presupuesto asignado por la intendencia no daba para más. Los clisés se procesaban únicamente en la capital santiagueña o en Tucumán. Salían carísimos. Tapa y contratapa a dos colores:
Historia de Frías
Por Casimiro González Trilla
Municipalidad de la Ciudad de Frías
Con una foto. (En la tapa.)
Texto sintético, conmemorativo. En la contratapa. Y nuevamente: Municipalidad de la Ciudad de Frías.
En el interior:
Historia de Frías
Los orígenes y el ferrocarril
La ciudad de Frías tiene su nacimiento íntimamente ligada al Ferrocarril Central Norte Argentino. La construcción de las vías entre Córdoba y Tucumán, contratada en 1872, abrió picadas en una región boscosa que pronto atrajo a las primeras familias, muchas de ellas de origen europeo. Estas familias aportaron cultura y vida social, con reuniones en casas como la de los Laurant, franceses establecidos en la esquina de Belgrano y San Martín.
El paso del primer tren por la zona se produjo en septiembre de 1876, remolcado por la locomotora inglesa Fox Walker Nº 7, conocida como “Avellaneda”. El maquinista Guillermo Lambert, oriundo de Inglaterra, narró los sucesos de aquel viaje que pernoctó en Recreo antes de llegar a Tucumán. La llegada del ferrocarril fue el verdadero motor de la formación de la ciudad.
Fundación y Villa Unzaga
En 1877, un grupo de vecinos encabezados por Alfonso Monti solicitó al gobierno provincial la creación de una villa en torno a la estación ferroviaria. La Legislatura sancionó la ley del 11 de abril de ese año, declarando de utilidad pública la expropiación de 400 cuadras cuadradas para formar la Villa Unzaga, en homenaje a Pedro Ignacio Unzaga, muerto en Salavina en 1844. Sin embargo, la estación ya llevaba el nombre de Frías, lo que generó debates sobre el origen del topónimo.
Algunos atribuyeron el nombre a Félix Frías, diplomático y publicista; otros al sacerdote Manuel Frías, partícipe de la Asamblea que decretó la autonomía de Santiago del Estero; y otros al general Eustaquio Frías, héroe de la independencia. También se mencionó a Uladislao Frías, ministro que firmó convenios ferroviarios, o a José Frías, propietario de tierras en la zona. La falta de documentación definitiva mantuvo abierto el debate.
Conflictos y episodios militares
La historia temprana de Frías también estuvo marcada por conflictos. En 1893, un contingente de guardiacárceles catamarqueños comandados por el capitán Rivero intentó tomar la estación Lavalle. Los santiagueños, liderados por Pedro Andrada, repelieron el ataque, causando muertos y heridos. Rivero huyó en tren, dejando armas e incluso los instrumentos de su banda de música, que luego dieron origen a la primera banda local dirigida por los hermanos Rappi.
Este episodio reforzó el espíritu de defensa de la villa y la identidad santiagueña frente a amenazas externas.
Desarrollo económico
La riqueza forestal y minera de la región impulsó la economía. En 1879 se exoneró de impuestos a la Sociedad Sudamericana para explotar la mina de Fierro Romay, ubicada a 12 km de Frías, con un mineral de altísima calidad. Paralelamente, el aserradero de Francisco Monti y Cía., movido a vapor, produjo enormes cantidades de durmientes, llegando a fabricar medio millón para la línea Sunchales-Tucumán.
Actualmente, la Compañía Coinor instaló su fábrica de cemento, atrayendo inmigrantes y conformando un nuevo núcleo humano. La industria se convirtió en base del crecimiento local.
Vida social y cultural
Frías vivió un temprano florecimiento cultural. En los primeros años del siglo XX, el hotel de Augusto Corrá presentó un gramófono, primer aparato musical de la ciudad, que fue celebrado con una gran fiesta. La masonería también tuvo presencia, con una logia integrada mayormente por italianos, entre ellos Carlos Monti, grado 33.
La ciudad fue escenario de visitas y anécdotas de figuras nacionales: el general Roca pasó por Frías en sus campañas, acompañado por el barón De Marchi, y la revista Caras y Caretas ilustró su paso con un zorro cortando vías. También se recuerda la presencia de Juan B. Justo, líder socialista, cuya familia se instaló con un negocio de barraca y frutos del país.
En el ámbito cotidiano, la llegada de automóviles en la década de 1920 marcó un cambio: el ingeniero inglés con su Ford “a bigote” y luego Domingo Lencina con su taxi, que se convirtió en parte de la vida urbana. Más tarde, su sobrino amplió el servicio hacia el Vallecito, lugar de veraneo.
Identidad y memoria
La historia de Frías es la de una ciudad nacida del ferrocarril, fortalecida por la industria forestal y minera, y enriquecida por la diversidad cultural de sus habitantes. Los relatos de Da. Esther Infante de Monti y otros vecinos rescatan la vida social, las fiestas, las luchas y las instituciones que dieron forma a la identidad friense.
La ciudad se consolidó como un centro dinámico, con una memoria marcada por la defensa de su territorio, la labor de sus pioneros y el aporte de familias que supieron conjugar tradición y modernidad.
Satisfecho, Casimiro llamó al linotipista, Dalmacio. Y le entregó el original corregido, para comenzar su tipeado y fundición en plomo. De donde saldrían los miles de caracteres, que posteriormente se imprimirían, pagina por página, en la preciada Heidelberg. Dotando, así, a esta linda comunidad que ya amaba, de su primera Historia Oficial.
Fuentes consultadas:
Historia de Frías. Luis Alberto Yudi.
Pensando en Frías. Arq. Alfonso Bentivoglio Monti.





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