Capítulo 63
Capítulo 13
Edith Saganías y Olimpia Righethi habían sido invitadas por la directora de la Escuela de Cuadros Sindicales de Villa Guillermina a dar una conferencia a sus afiliados. Sobre la Historia de América del Sur, desde una perspectiva aborigen. Para cumplir con ese compromiso, ambas mujeres estuvieron listas para partir a las ocho y media de la mañana, de un día viernes, 8 de septiembre de 1939. La disertación tendría lugar al día siguiente de su llegada, sábado 9, en dos tramos. De 9 a 12 de la mañana, el primero. Al mediodía un liviano refrigerio y, desde las 14 hasta las 17, la segunda y última parte.
A las 8:45 Umbídez -quien oficiaría de chofer-, pasó a buscar en su automóvil a las dos jóvenes profesoras. Ya en el vehículo, Edith adelante con el ulalo de apariencia humana y Edith en el asiento trasero, levantaron al último pasajero, Moisés Carol, de la confitería Los Dos Chinos, en el centro de la ciudad.
Era un día agradable, suavemente nublado, estable, debido a lo cual el viaje transcurrió tranquilamente en toda su -larga- extensión. Al mediodía se detuvieron a almorzar, en Quimilí -límite entre Santiago y El Chaco-, para continuar sin detenerse, ya, hasta Resistencia y, por fin, Villa Guillermina, adonde arribaron a las 22:30 de esa noche.
Eugenia Popescu era una porteña, abogada, hija de inmigrantes italianos originarios de Rumania. Se habían conocido con Olimpia durante un seminario impartido un año antes por Duncan Wagner, en Buenos Aires. Además de ocuparse de la defensa de los trabajadores de La Forestal, había impulsado, junto a Fabián Salinas, secretario general del sindicato, una escuela de cuadros sindicales. Con el propósito de contrarrestar la constante presión de esta poderosa empresa capitalista para la que trabajaban. Que por muchos y eficaces medios -incluso una fuerza policial propia-, desalentaba no sólo cualquier tipo de educación organizativa de sus empleados, sino también todo tipo de aprendizaje artístico, cultural, educativo, que pudiera poner en duda las rigurosas pautas de los ingleses.
Eugenia y Fabián los esperaban, pues, cuando llegaron a la sede del Sindicato. Y los condujeron a las dos habitaciones que habían preparado especialmente para ellos. Una para los hombres -Moisés y Umbídez-, otra para las mujeres -Edith y Olimpia-. El edificio contaba con unas seis habitaciones con camas cuchetas, todas semejantes, para circunstancias como estas. Luego de guardar sus livianos equipajes en las habitaciones, recorrieron las instalaciones, modestas, pero amplias, del Sindicato de Trabajadores Forestales de Villa Guillermina. Que contaba, además de dos oficinas, con las habitaciones mencionadas, un salón con juegos de metegol y billar para sus afiliados, también una gran sala de conferencias. Con capacidad para doscientas personas, según les informaron.
Después de darse un reparador baño con agua caliente, fueron a cenar, los seis, a una confitería-comedor -la única del pueblo-, especie de supermercado, además, donde habitualmente los pobladores, además de comer, en una de sus secciones, podían obtener cualquier provisión de otro tipo, incluyendo ropa, en sus espacios comerciales adjuntos.
Villa Guillermina era entonces un pueblo construido totalmente por los ingleses, propietarios de la empresa “The Argentine Forestry”. Menos el sindicato, algunas pocas viviendas levantadas por comerciantes, filtrados y supervisados por los ingleses, como los propietarios del restaurante donde cenaban esa noche, explotado por inmigrantes ruso-judíos. La Forestal, sin intervención del Estado, con sus propios ingenieros y técnicos, sin presentar planos de trazado, en 1919 hizo relevamientos, diseñó los planos e inició por su cuenta la tarea de construir edificios, viviendas, fábricas, proveedurías, etcétera, conservando el dominio de toda la tierra. Construyó, además, centenares de kilómetros de vías férreas, estrictamente orientadas a conectar sus lugares de aprovisionamiento y exportación. Luego, fue construyendo pequeñas ciudades satélites. Cada una de ellas, construida muy rápidamente, comprendía: una fábrica de tanino (cinco en la provincia de Santa Fe: La Gallareta, Villa Ana, Villa Guillermina, Tartagal, Santa Felicia), edificios para la administración, para habitación del gerente y empleados casados, una “soltería” para empleados. Para los obreros, ranchos o viviendas modestas destinadas a los peones, viviendas un poco mejores, de ladrillo y techos de cemento, para los obreros especializados, como mecánicos, operadores de máquinas complejas, etcétera. Todas alejadas del centro urbano. Donde se levantaban las construcciones principales: casas de visitas, el gran almacén de ramos generales, panadería y carnicería. En esta área de los pueblos, crearon un exquisito arbolado, junto a calles rectas, bien cuidadas, algunas tapizadas con aserrín de quebracho, club deportivo, cancha de golf, confiterías con todos los servicios, luz eléctrica, agua corriente, fábrica de hielo, sistema cloacal, farmacia y médicos para los empleados administrativos y personal jerarquizado inglés.
A las 9 de la mañana del día siguiente, el salón auditorio estaba ya casi lleno. Con unos ciento sesenta trabajadores, entre ellos algunos -pocas- mujeres, calculó Umbídez. Si se consideraba que en total La Forestal tenía, entre este pueblo de Villa Guillermina y los otros cuatro bajo su control, unos seiscientos obreros, los que estaban aquí eran, más o menos, el 27 por ciento. Comoquiera que sea, era un éxito. Se sabía que La Forestal había impreso un volante aclarando que “no participaba en absoluto de la invitación” cursada a los obreros por el sindicato. Lo cual era un mensaje insidioso, que se podía leer entre líneas como una recomendación tácita de no concurrir.
A las nueve en punto, comenzó la charla, con una breve presentación de Eugenia Popescu, quien se limitó a dar la bienvenida a las talentosas conferencistas, y leer un currículo breve de cada una de ellas. Luego, comenzó Olimpia Righetti, directamente con la conferencia:
-Se nos enseña habitualmente en las escuelas públicas que los aborígenes, que habitaban por cientos de miles y hasta millones, en algunos espacios de nuestra América, eran ignorantes de todas las ciencias, y en general subsistían malamente en una especie de Edad de Piedra.
“Ello es absolutamente falso. Y representa una política educacional de los imperios europeos, continuada por todos los gobiernos liberales que les sucedieron en la conducción de los países, supuestamente, «independizados».
“Por el contrario, las culturas pre americanas (especialmente la maya, nahua, quechua e inca) desarrollaron una cosmovisión comunal y cósmica, basada en la observación de la naturaleza y del universo, donde todas las entidades (astros, elementos, seres vivos) actúan en cooperación. Esta concepción fue la base de su organización social, política, educativa y religiosa, y representa un modelo superior al individualismo occidental y al propio comunismo soviético, al incluir al ser humano como parte integral del cosmos.
“Una cultura con principios filosóficos y éticos propios. Para la cual, el Bien, considerado como parámetro de la conducta social cotidiana de las poblaciones, es lo que promueve la evolución; el mal -considerado como toda acción que perjudica o socava el equilibrio o el patrimonio colectivo-, lo que detiene o retrasa, dicha evolución.
“El pensamiento preamericano no dice «pienso, luego existo», sino «veo, luego existimos» ( en estas culturas nuestras, el sujeto y el objeto son inseparables).
“La propiedad privada no existía en las grandes culturas preamericanas, pues, para sus concepciones, en general, contradice las leyes cósmicas de cooperación.
“El amor, en estas sociedades previas a la invasión europea de nuestra América, es «fusión colectiva», no caridad, ni compasión.
“La organización política y social de las más evolucionadas sociedades americanas antes de la conquista española, era perfectamente reglada por normas claras y minuciosas, respetadas por la inmensa mayoría de aquellas poblaciones.
“Existió una Confederación de Federaciones en Anáhuac (México) con un Consejo Supremo y un Distrito Federal antes de la llegada de los españoles.
“En el Imperio Inca (Tavantinsuyu), el poder no era absoluto del Inca, sino de consejos elegidos por votación, desde el nivel familiar (ayllú) hasta el Supremo Consejo.
“Se establecían turnos rotatorios para el trabajo de la tierra, y los productos se almacenaban para tiempos de necesidad.
“Existían derechos de asilo y amparo, anteriores a su formulación en el derecho moderno.”
Por último, Olimpia Righetti explicó que:
“Las fuentes donde constatar estas aseveraciones se las podía encontrar con solo buscarlas, en documentos tan importantes como los textos del Popol Vuh (una especie de Biblia maya-quiché): considerado el documento más antiguo sobre historia humana, anterior al Rig Veda y al Zend Avesta. El cual enseña la creación colectiva y la evolución desde lo mineral, hasta el ser humano y el más allá.
“En el Códice Borgia: contiene la figura de Atlanteotl, origen del Atlas griego.
“El Ramayana de Valmiki (siglo IV a. C.): menciona a los mayas como misioneros de religión y ciencia que viajaron a Birmania, India, Babilonia y Egipto.
“La expansión cultural maya hacia todo el mundo -según parecían demostrar las investigaciones de los Hermanos Wagner y de la propia conferenciante, afirmó- podían detectarse en obras antiquísimas como las enseñanzas de Imhotep (2900 a. C.), quien adiestró a los egipcios en construir pirámides. Su nombre -aseguró- es maya: IM (seno), HO (cinco), TEP (luz) = «seno del quinto sol».
“Osiris era considerado un «gran Atlante» proveniente de Atlán.
“Moisés habría copiado sus escritos de textos mayas y egipcios.
“Cristo aprendió maya en el Tíbet -según Olimpia, entre los 12 y 30 años-, y sus símbolos -la Cruz, la Santísima Trinidad, los 12 apóstoles- eran de origen maya.
“La palabra AUM (sagrada en el hinduismo) solo tiene sentido en maya: A (masculino), U (femenino), M (engendrado).”
Hasta aquí la conferencia de Olimpia Righetti, quien recibió aplausos sostenidos cuando cedió la palabra a su compañera, Edith Saganías, que se ocuparía, a continuación, de los aspectos lingüísticos y las raíces mayas de nuestras culturas aborígenes. Entre el público, se podía observar una gran mayoría de hombres y una que otra mujer con pieles trigueñas, oscuras, posiblemente descendientes directos de aborígenes o criollos, mestizos. Mientras unos cuarenta o cincuenta obreros presentes eran de razas nítidamente europeas, seguramente hijos de inmigrantes o inmigrantes, ellos mismos.
“Respecto del carácter lingüístico del idioma maya, la mayor parte de los estudios científicos de la actualidad parecen demostrar que sería la lengua madre de muchas lenguas del mundo: griego, latín, sánscrito, japonés... etcétera -comenzó Edith. Para pasar a la fundamentación de su aserto con los siguientes ejemplos:
“...hun -uno- en maya, suena igual que one -inglés-, unus -en latín-.
“...ha/atl (agua) es igual a: aqua, water, wasser.
“El alfabeto griego, según Le Plongeon*, es un texto en maya sobre la tragedia de un continente desaparecido.”
Luego de abundar en ejemplos, Edith Saganías pasó a ocuparse de la Educación como disciplina comunitaria en casi todos los grandes países aborígenes organizados de la América prehispana.
“La educación era obligatoria y universal en el México preamericano, sin distinción de clases”, aseguró.
“El Estado era un «Estado Escuela», donde la formación ética y comunal era prioritaria”.
Después de criticar a la pedagogía contemporánea, por “instruir pero no educar” en valores cósmicos, según ella, la disertante pasó a considerar cierta continuidad en Religión y símbolos católicos, supuestamente, de origen maya. Por ejemplo:
“La Navidad: el 24 de diciembre se celebraba entre los aborígenes americanos y otros pueblos del mundo, el «nacimiento del sol» desde miles de años antes. La Iglesia Católica Romana adoptó esta fecha en el siglo V.
“El Bautismo, la confirmación, la comunión, el día de muertos (1 y 2 de noviembre) ya existían -según Edith- en Preamérica.
“El triángulo con el ojo (símbolo de la Trinidad) aparecía en Uxmal antes de la llegada de los españoles; el ojo se añadió en Egipto.
“La cruz de Palenque (foliada) es el origen de todas las cruces del mundo antiguo, como símbolo agrícola-solsticial.”
Para finalizar este tramo del seminario, ambas conferencistas efectuaron un análisis de las ideologías políticas y sociales predominantes en el mundo contemporáneo (década de 1930), comparándolas con las ideas en los mismos terrenos filosóficos sustentados por las comunidades aborígenes.
“El comunismo soviético da un paso hacia la comuna, pero se aísla en lo humano y no considera al cosmos”, aseguró Olimpia.
“El individualismo occidental (Grecia, Roma, capitalismo) se basa en una falsa separación entre naturaleza y espíritu” completó Edith Saganías, ambas aportando mayores fundamentaciones a cada una de sus tesis.
Para finalizar, escribieron en la pizarra y explicaron los sentidos posibles de algunas fechas y eventos clave, mencionados a lo largo de sus exposiciones.
Como la creación del maíz, por cooperación hombre-naturaleza.
hace más de 8,000 años.
2900 años antes de Cristo, Imhotep construye la pirámide escalonada en Zakkara.
Valmiki escribe el Ramayana en el siglo IV a. C.
El uso del cero en matemáticas mayas, se detecta antes de la era cristiana.
La ya mencionada fijación de la Navidad por la Iglesia Católica Romanaa, en el siglo V d. C.
La conquista española y destrucción de la federación aborigen: 1519–1521.
La traducción del Popol Vuh por Francisco Ximénez, en el primer tercio del siglo XVI.
Como conclusión, las disertantes escribieron en la pizarra el siguiente párrafo:
“Preamérica no fue una civilización primitiva, sino la creadora de la organización política del futuro: una confederación de federaciones humanas basada en la cooperación cósmica. La juventud del mundo necesita recuperar este mensaje, para superar el individualismo, el materialismo y la enajenación”.
Sugiriendo a los presentes que, quienes hubieran traído cuadernos, la copiasen, para considerarla y debatirla, si era posible, con sus respectivas familias.
* Augustus Le Plongeon (Isla Jersey, Reino Unido), 4 de mayo de 1825-Brooklyn, Nueva York, 13 de diciembre de 1908) fue un fotógrafo, anticuario y arqueólogo británico americano. Realizó estudios de diversos yacimientos arqueológicos precolombinos, particularmente de la civilización maya, en la península de Yucatán.



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