Capítulo 56
Capítulo 6
-Cuando Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo -dijo Orfelio Ulises- decidió encarnarse en cuerpo humano, este fue el ser conocido personalmente por algunos privilegiados a quien nuestra historia, habitualmente, menciona con el nombre de Jesucristo (palabra compuesta por dos vocablos: Jesús, que en hebreo es "Yehoshúa" -יהושע-, significando "Yahvé es salvación"; y "Cristo", del griego "Christos" -Χριστός-, término que significa "Ungido" o "Mesías", alguien elegido por Dios para una misión especial).
En el amplio comedor de la casita que Orfelio y su esposa Gretchen Hess alquilaban en Pinto, el mate amargo circulaba de mano en mano entre cuatro personas: el matrimonio mencionado y Arturo del Malvar con su novia Ilse, quienes habían llegado, de visita, como a las cinco de la tarde.
-Como todos los ungidos por Dios que se manifestaron desde el origen de la Humanidad para salvarla de la aniquilación por sus propias acciones promovidas por la torpeza y la ignorancia, Jesús de Nazareth llevaba en su materia física, temporalmente, el poder del Universo.
“Como ustedes posiblemente saben, en 1920 la mecánica cuántica introdujo en las ciencias humanas conceptos como la dualidad onda-partículas, en los estudios de Louis de Broglie y la ecuación de Erwin Schrödinger. Werner Heisenberg que presentó la mecánica matricial, unida a la tesis de Paul Dirac, quien formuló la mecánica ondulatoria. Básicamente se demostró que todo lo que nosotros llamamos materia, es también energía. Debido a lo cual, la materia tiene la propiedad en sí misma de transformarse, si resultara necesario, en pura energía. Y viceversa.
-Como los iones... -reflexionó Ilse Hagen- que cuando salen del sol, y llegan hasta la Tierra, son pura energía cósmica. Mas apenas tocan la atmósfera, se transforman en diminutas partículas...
-¡Exactamente! -celebró Orfelio Ulises-, para inmediatamente continuar:
“Cuando Jesucristo, pues, fue crucificado, y expiró en la cruz, recordarán que un centurión, llamado Longinos, introdujo una lanza en su costado... provocando que de su cuerpo sagrado manaran agua y sangre...
“José de Arimatea, un rabino que secretamente había sido discípulo de El Salvador, se acercó entonces para impedir que la sagrada sangre de Jesús cayera al suelo, y apoyando una bellísima y gran copa de plata incrustada con piedras preciosas sobre su cuerpo, recogió todo lo que pudo, sin evitar, pese a sus esfuerzos, que alguna gotita cayera sobre la tierra.
“Esas gotitas de sangre y agua emanadas del cuerpo de Jesús fueron las que provocaron de inmediato que se oscureciera el cielo, que retumbara un trueno ensordecedor, temblara la tierra y se rasgaran por la mitad las gruesas cortinas del Sancta Sanctorum en el Templo de Jerusalén.
“La lanza del centurión, por su parte, estaba construida con cierta piedra metálica difícil de hallar por aquellos tiempos, y absorbió, asimismo, la inmensa energía cósmica que contenía el cuerpo físico de Nuestro Señor Jesucristo. El cual, como ustedes saben, se liberaría finalmente atravesando los poros del sudario, cuando lo introdujeron en el sepulcro, dejando esa impresión tan nítida de su figura en la tela que la Iglesia Católica llama "La Sábana Santa"...
-¡Es la que nosotros tenemos en Santiago! -exclamó Arturo del Malvar, sin poder contenerse -¡En la capilla de Santo Domingo!
-¡Así es!- dijo Gretchen- es una copia... pero considerada por los eclesiásticos y los fieles como igualmente sagrada.
-José de Arimatea esperó con paciencia la muerte de Longinos -que sobrevendría muy pronto, unos diez años más tarde, durante una de sus guerras con los judíos nacionalistas. Se hizo dueño de esa lanza, que compró. Y quitándole su mango de madera, dejó únicamente el pedernal, al cual limó su aguda punta, guardando el polvillo resultante dentro de la copa ornamentada, junto con el polvo de la sangre del Señor: transformando, lo que antes fuera instrumento de mortandad, en símbolo de vida: un pequeño bastón de mando. Con el cual se podría transmitir esa energía maravillosa del universo -con la que Jesús curaba enfermos o devolvía la visión a ciegos, desde una voluntad humana consagrada.
-El bastón de Mando y el Santo Grial... -murmuró Ilsa Hagen-... las reliquias que Wagner tornó el centro conceptual más importante de su inmensa ópera Parsifal..
-¡Exactamente!- repitió Orfelio, quien estaba encantado con la erudición de sus visitantes y la absoluta sintonía con ambos, establecida inmediatamente durante aquella tarde otoñal. Él los veía por primera vez en su vida. Su esposa Gretchen Hess, en cambio, hija de Rudolf Hess -importante funcionario del Tercer Reich-, conocía a Ilse Hagen desde la infancia.
-Resumiré la manera como el Santo Grial (o Graal) y la sagrada lanza -o bastón de mando-, llegaron a Europa.
“Ocurrió en el año 70. Cuando los ejércitos romanos destruyeron definitivamente el Templo de Jerusalén... una de las siete maravillas del mundo, que a los reyes Hasmoneos les había llevado más de cuarenta años construir... Convirtiendo en escombros su ya tradicional magnificencia... cumpliendo elípticamente una metáfora de Jesús, quién había dicho poder destruirlo completamente, provocando entonces la burla de los sacerdotes...
“Alertado por un sueño, José de Arimatea -quien estaba ya cerca de cumplir sus noventa años de edad-, confió a un joven discípulo preferido la importante misión de entregar las reliquias a un rey gallego... que residía en un pequeño castillo erigido en un monte ibérico, denominado Montsalvat. El nombre del rey -con unos cuarenta años de edad, más o menos, entonces- era Titurel.
-¡Como dice la opera de Wagner! -celebró Ilsa.
-Sí, claro... está todo consignado en los manuscritos de Wolfram Von Eschenbach- contestó Orfelio Ulises. Solo para continuar:
-Titurel construyó el templo, como se sabe... donde luego reina -durante muchos años, transmitiendo finalmente la sagrada misión de custodiar las reliquias a su hijo Amfortas… pero este es un individuo disoluto, e inepto para esa gran tarea... poco después, seducido por Kundry -un demonio encarnado en mujer bellísima-, se desnuda para revolcarse con ella mientras Klingsor, un caballero ambicioso se acerca sigiloso y le roba, sin ningún esfuerzo, el bastón de mando.
“Parsifal, un caballero ingenuo, es finalmente quien recuperaría en batalla frontal con el caballero Klingsor, el bastón de mando. Para restituírserlo a su legítimo destinatario, el rey de Montsalvat.
“Aquí debemos aclarar que Montsalvat no era un castillo lujoso ni mucho menos... ni Titurel un rey como podría hacérnoslo imaginar la historia posterior... sino alguien de existencia modesta, apenas con algunos parientes y amigos que lo rodeaban y se complementaban formando una pequeña aldea comunitaria...
Pese al esfuerzo efectuado por Parsifal, Titurel muere poco después cuando, al negarse el pecador Amfortas a celebrar el rito del Graal, él no puede alimentarse con la Eucaristía.
“Pero antes de ello, tiene tiempo de encomendarle a Parsifal una misión: debe entregar las reliquias a otro rey, que Dios le ha mostrado en sueños: un hombre de gran tamaño y virtuoso en todos los aspectos, llamado Namuncurá. Quien habita una región situada en el Sur, cuya denominación -muy poco conocida por los bárbaros europeos- es, según la tradición antigua, Armorica.
“Parsifal emprende entonces el viaje, en una gran canoa, propulsada con velas, junto con tres compañeros, también, como él, fieles cristianos y Caballeros de la Tabla Redonda.
“Namuncurá lo recibe con grandes honores. Instruido asimismo sobre la misión de estos proto gallegos (todo esto ocurría en el siglo III), agasaja a sus visitantes, y recibe, para siempre, el sagrado depósito en sus manos de aquellas importantes piezas líticas de poder astral concentrado”.
En este punto, se suscitó una pausa. En la que todos permanecieron silenciosos. Expectantes.
-Continuemos, para finalizar -exclamó Orfelio Ulises:
“Por razones que no llegaron hasta nosotros, Namuncurá decidió, algunos años más tarde, construir dos templos secretos: uno para el bastón de mando. Otro para el santo Grial. El primero, en el cerro Uritorco (hoy provincia de Córdoba). El segundo, en las serranías de Guasayán -hoy provincia de Santiago del Estero. Donde quedaría depositado para siempre... el santo Grial”.
Otra vez todos quedaron en silencio.
-Quiere decir...-musitó Arturo del Malvar- que... el santo Grial... ¿Está en Santiago del Estero?
-Así es-, contestó Ulises sin la menor vacilación.
-Yo lo sabía, amor...-, dijo entonces Ilsa Hagen, acariciando con sus dedos largos la sien derecha de su novio.
-¿Cómo lo sabías? -se asombró Arturo.
-Lo sabe, también, toda la delegación alemana... en gran parte es por eso (aunque también por otras cuestiones), que hemos venido a Santiago. La fuente de información fue un reportaje publicado a un gran músico europeo, donde se narra su viaje a Santiago y su posterior encuentro con el Santo Grial. Y allí, también habla de Los Ulalos…
“Es una revista elitista, asimismo... no es que todo el mundo la lee... sí, fue detectada muy pronto por los servicios de Inteligencia alemanes”.
-Ah...-dijo Arturo, quien continuaba asombrado-: ¿Y cuando ocurrió esa visita... del músico... ¿cómo se llama?... a Santiago?
-Eric Satie. Francés. Es el músico. En 1919. Vino en 1919. Ese mismo año también vino a Santiago del Estero Carlos Gardel. Actuó en el cine teatro Petit Palais. Satie asistió a esa actuación.
-¡Qué maravilla!...-exclamó Arturo del Malvar, sinceramente entusiasmado. Y girando la mirada hacia Orfelio Ulises y su esposa Gretchen, agregó con tono brillante:
-¿Se dan cuenta de por qué la amo?
***
-Ahora bien- dijo Orfelio Ulises mientras caminaban por las callecitas de tierra en la entonces muy bonita ciudad de Pinto, rumbo al hotel donde se alojaba la pareja visitante:
“Esta historia aún no ha terminado... estas reliquias, que para los verdaderos buscadores de la Verdad son tales, pero para los buscadores de poder terrenal, fama, riqueza, placeres sin fin, son meros objetos de poder, continúa.
“Concretamente, el santo Grial continuará siendo, como lo fue a lo largo de los siglos, fuente de salvación para las almas de grandes iniciados, quienes se hacen merecedores de tal bendición por haber cumplido en su existencia con tareas extraordinarias, atravesando, para ello, por dolorosos sacrificios, desde su nacimiento mismo, hasta alcanzar por fin la corona de la Gracia.
“Y el bastón de mando... debe ser utilizado, ahora por un argentino... alguien predestinado a traer a este pueblo el desarrollo y felicidad -siempre transitorios, aunque necesarios, por cierto, para su evolución humana-, en esta etapa.
“Alguien que, según se nos ha dicho hace muy poco... estaría muy próximo a manifestarse, en esta nación Argentina, elegida, por gracia, para constituir muy pronto un paradigma trascendente, para toda la especie humana.”
Luego de exclamar eso, el sabio de origen mapuche pareció caer en repentina pesadumbre... unos minutos después, recuperándose, aseveró:
-Aunque también ha llegado, por desgracia, el caballero negro, Klingsor, el desalmado, para intentar apropiarse de nuestras reliquias sagradas, nuevamente, como lo hiciera cuando despojase a Amfortas con aquella sucia treta sexual.
Ilsa lo miró, asombrada. Todos se detuvieron, en medio de una callecita, detrás del ferrocarril, donde deberían ingresar Arturo y su compañera.
-Klingsor...-susurró, cautelosa- ...¿está aquí?...
-Precisamente en Londres... ocupa un alto cargo en el gobierno de aquella monarquía... Se hace llamar “Sir Winston Churchill”, ahora...
-¡Oh!...-se asombró Ilsa...
-Y su esclava, Kundry, se ha instalado, por orden suya, aquí, en nuestra Patagonia Argentiina... zona de eterna disputa, en esta ancestral tierra Armoricana... ya no le llaman Kundry... Ahora asumió el nombre de “Aleister Crowley”...
-¿Y él sabe algo de lo que nos ha contado? ¿Sabe de usted?-se preocupó Ilsa.
-No. No sabe de mí. Ni de la ubicación exacta de las reliquias. Sospecha algo, sin embargo. Y siente. Particularmente, siente. Percibe nuestras irradiaciones. Nos detecta. Hace muy poco, en 1937, intentó eliminarnos. Lanzó poderosas irradiaciones malignas desde la Patagonia. Pero erró el blanco -o lo conceptualizó mal-. Terminó incendiando un lugar de Santiago... capital... El cine Petit Palais.



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